La ciudad sin hombres

Costó mucho cerrar Potasas.
Pero desde que la entrada a Cartagena no huele a Cartagena, el metro cuadrado se paga más caro que en Murcia; la cesta de la compra cuesta más, el paseo marítimo invita a caminar sin que te tomen por una pilingui, como le pasó hace unos años a la diputada socialista Rosa Juaneda. Y aún así, hay quien prefiere vivir en Cartagena. El que algo quiere, algo le cuesta. Ya tienen El Corte Inglés y La Mar de Músicas. Al teatro romano, le podemos aplicar una frase magistral de un profesor de física que no llevaba muy bien mi curiosidad.

El hombre me decía: «Manténte ahí con tu duda. ¿Alguna otra pregunta?» Pero lo que más me preocupa de Cartagena no es la fecha en que terminarán las obras del Palacio Consistorial o cuándo podré visitar el Museo Regional de Arte Contemporáneo. Yo quiero saber dónde se meten los hombres de Cartagena. Pocos de los nacidos vivos hace la fotosíntesis en las terrazas. El resto, probablemente se guarda para cargar un trono en Semana Santa.

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