Los tres jóvenes que en agosto de 2008 fueron detenidos en la calle General Shelly de Valladolid cuando, supuestamente, realizaban un 'pase' de cocaína se declararon inocentes, alegaron que la droga intervenida era para su autoconsumo y, además, mantuvieron que el supuesto cliente que la policía dice haber visto ese día junto a la ventanilla del turismo que ocupaban era uno de los propios procesados, Alán M.G, que en ese momento hablaba con el conductor y daba buena cuenta de una bolsa de 'gusanitos'.

Dicha versión, la de la bolsa de chucherías, fue esgrimida por los acusados para tratar de desmontar el testimonio que mantuvieron los dos agentes de la Policía Nacional que practicaron la detención y que, durante el juicio celebrado hoy en la Audiencia de Valladolid, explicaron que intervinieron ese día al ver un coche en doble fila y observar cómo el conductor entregaba un envoltorio de plástico blanco a un joven que estaba ante su ventanilla.

Los agentes, sin embargo, no llegaron a detener al supuesto cliente ni, por tanto, levantaron acta de aprehensión alguna debido a que dieron prioridad a la detención de los tres ocupantes del vehículo, un Alfa Romeo que conducía el joven Francisco P.G. y ocupado por los también procesados Alán M.G. y José M.L.D, el segundo de ellos en el asiento trasero y el tercero en la plaza del copiloto.

Para inaugurar un piso

Los acusados, en declaraciones recogidas por Europa Press, reiteraron que ese supuesto cliente no era otro que el propio Alán M.G, que había salido del coche a comer gusanitos, y que los 3 gramos de sustancia ocupada por la policía la habían comprado para consumirla esa noche, junto a otros dos amigos más, durante la fiesta de inauguración del piso que acababa de alquilar Francisco P.G.

Los imputados precisaron que habían pagado cada uno 30 euros por la droga hallada en una cartera dentro del vehículo y aseguraron que la otra cartera, que contenía 15 billetes de cinco euros cada uno, no era de su propiedad sino de uno de los otros dos amigos con quienes se disponían a compartir la mercancía. "Esa noche íbamos a celebrar una fiesta en el piso y teníamos previsto beber y drogarnos", recordó José Miguel L.D, quien, al igual que sus compañeros de banquillo, negó dedicarse al tráfico de estupefacientes.

Los agentes actuantes, por contra, mantuvieron que su intervención se produjo al ver a un numeroso grupo de jóvenes en la acera de la calle General Shelly y cómo uno de ellos, junto a un vehículo en doble fila, recibía algo de manos del conductor.

"Durante esa operación los otros dos, en actitud nerviosa, no paraban de mirar a uno y otro lado y fue entonces cuando el copiloto, quien se percató de nuestra presencia, dio un manotazo al conductor para que interrumpiera la venta", declaró uno de los funcionarios, quien apostilló que ese aviso llevó al cliente a abandonar el lugar de forma precipitada, no sin antes guardarse en el pantalón el envoltorio recibido.

Tras las versiones de unos y otros, la representante del Ministerio Fiscal mantuvo invariable su petición de pena para los procesados, es decir, tres años de cárcel y multa de 360 euros, aunque les aplicó la atenuante de dedicarse a traficar a pequeña escala para sufragar su adicción a la cocaína, mientras que las defensas solicitaron un fallo absolutorio.

Consulta aquí más noticias de Valladolid.