El siglo XXI continúa avanzando y quemando hojas del calendario, y la tónica se mantiene. Quizá sin el esplendor de los primeros años de década pasada,  quizá sin el ritmo que marcaban un Johnny Cash, una Lucinda Williams, un Steve Earle o unos Drive-By Truckers en absoluto estado de gracia, pero el country-folk estadounidense mantiene el honor de ser uno de los universos musicales más ricos de la actualidad. Tanto leyendas veteranas como jóvenes revelaciones mantienen la llama bien encendida. Y Eilen Jewell, poco conocida en nuestro país, destaca con justicia en el segundo apartado.

Esta mujer, de sólo 31 años, procede de Idaho y burla con mucho estilo su DNI cada vez que se pone delante de un micrófono. Abundan las cantantes que a esas edades se dejan llevar por las corrientes de moda y por las tendencias sonoras más huecas e inanes. También proliferan las personas que, atestadas de prejuicios, asocian los sonidos más añejos a compositores más rodados y veteranos. Ella, en cambio, optó desde muy joven por atender a sus gustos y pulsiones y puso su punto de mira en nombres imprescindibles de la música popular como Loretta Lynn, Patsy Cline  o Bob Dylan.

Partiendo de esos legados y de ese modo artesanal y sencillo, pero a la vez confesional, de crear música, Jewell debutó en 2005 con Nowhere In Time, pasó la reválida un año después con Boundary County y, en 2007, confirmó su talento y adquirió cierta notoriedad en su país con Letters From Sinners And Strangers. El aroma country y los ramalazos folkies marcan los tres álbumes, las influencias están presentes y correctamente asimiladas y filtradas, aunque también se advierte cierta inclinación por el rockabilly. El balance entre su luminosidad y una ligera propensión a la melancolía resulta muy estimulante.

Melancólica y romántica

Así las cosas, en 2009, y tras encabezar un año antes un proyecto titulado Sacred Shakers y grabar un sorprendente disco de gospel, decide dar otro paso adelante, el más importante a la sazón,  y se descuelga con la que es su mejor obra hasta la fecha, Sea Of Tears, un conjunto de canciones que en un mundo justo y sensato debió haber cosechado mil y un elogios y auparse al casillero de los discos imprescindibles de este género. Sea Of Tears muestra a una Jewell más melancólica y romántica que nunca, y la muy competente banda que le acompaña abandona levemente el sonido campestre en favor de unas texturas más propias del rock más oscuro y triste.

Sea Of Tears, de alguna manera, es a Eilen Jewell lo que Sound Of Lies o Essence supusieron para, respectivamente, The Jayhawks o Lucinda Williams:  un cambio de rumbo estilístico al servicio del disco más introspectivo de su carrera. Temas a corazón abierto como Rain Roll In, Codeine Arms o la impresionante canción del vídeo que encabeza estas líneas evidencian este golpe de efecto de Jewell, aquí convertida en la hija bastarda de Billie Holiday y Roy Orbison.

Tras este brillante ejercicio, la norteamericana continúa con sus inquietudes y con su afán por no aburguesarse y, ya en 2010, ha publicado un tributo a una de sus heroínas, Loretta Lynn. El disco, llamado Butcher Holler, devuelve a una Jewell más cercana, evidentemente, a sus primeros discos, con ese manejo de la música de raíces que tan bien domina. El público español tendrá la oportunidad de deleitarse con una de las damas más recomendables de la actualidad en una serie de conciertos programados en varias ciudades. El viernes 15 actúa en Ciudad Real (Tomelloso, Sala Beat). El próximo, por cortesía de Radio City Discos, será el domingo 17 en Madrid (Sala El Sol). Jewell cerrará su paso por nuestro país con sendos conciertos el martes 19 en Gijón (Savoy) y el miércoles 20 en Bilbao (Azkena).