Vertido tóxico de Hungría
Un campo cubierto de "barro rojo" a las afueras de Kolontar, a unos 167 kilómetros al sureste de Budapest. Balazs Mohai / EFE

Los habitantes de la zona más contaminada en la fuga tóxica de Hungría no podrán volver a vivir de la agricultura. Así lo cree Víctor de Lorenzo, químico del CSIC, cuya experiencia en este tipo de sucesos se remonta al desastre de Aznalcóllar, el gran vertido tóxico que contaminó Doñana en el año 1998.

"Los vertidos de metales pesados tienen una fase aguda inmediata que a veces deja paso a una contaminación crónica. De ser así, producir alimentos podría ser inseguro", explica el experto a 20minutos.es. De Lorenzo ve similitudes entre Aznalcóllar y el lodo tóxico de Hungría, ya considerado el peor accidente químico de la historia del país tras alcanzar el río Danubio, causar la muerte de seis personas y herir a unas 150.

Metales corrosivos

"Los dos son casos muy graves", explica De Lorenzo, "los dos son vertidos de metales pesados procedentes de la industria metalúrgica que se han producido en un valle agrícola. Pero los metales son distintos, aluminio en el caso húngaro; pirita y arsénico en el español".

Un compuesto corrosivo quema la piel, las plantas y a los animales De Lorenzo participó en el comité científico que analizó las labores de limpieza en Doñana y cree que el epicentro del vertido húngaro es un lugar "peligroso para vivir" porque se trata de "una contaminación masiva de un compuesto corrosivo que quema los objetos biológicos, desde la piel hasta las plantas o los animales".

Que los metales sean corrosivos depende del PH de su solución, el indicador de la acidez o la alcalinidad. Si supera el grado 10 son corrosivos. Si supera el 12, incompatibles con la vida. Los ríos  cercanos a la planta metalúrgica en la que se produjo el vertido tuvieron registros de contaminación de ph en grado 12, pero las últimas mediciones dan margen a la esperanza, al menos para las 5.000 especies del Danubio, pues la toxicidad habría bajado al grado 9, según los últimos registros gubernamentales.

Riesgo de más accidentes

El químico De Lorenzo no sabe cuánto tiempo puede pasar hasta que la zona más afectada por el vertido vuelva a ser habitable. "Es la pregunta del millón", dice. Pero las labores van bien encaminadas, opina. Como ocurrió en Aznalcóllar, lo primero es neutralizar el efecto más agudo, el ph del vertido; luego quitar los líquidos y el suelo contaminado, "físicamente, con palas y excavadoras" y si queda contaminación crónica repensar las actividades económicas de la zona. "Que en lugar de ser agrícola, la superficie pase a tener un uso recreativo", sugiere De Lorenzo.

Los residuos de los metales no pueden destruirse, solo almacenarse El experto del CSIC alerta del peligro que hay de nuevos vertidos. "Accidentes como el de Hungría o el de Aznalcóllar van a seguir sucediendo". Los metales como el aluminio son un elemento fundamental en las sociedades occidentales, hay miles de plantas metalúrgicas en el mundo, y los residuos no pueden destruirse, solamente almacenarse, algo que ha de hacerse "con sumo cuidado".

Para De Lorenzo, la regulación española sobre la seguridad de las plantas de almacenamiento de lodos tóxicos es la correcta, "sobre el papel", aunque duda de que la industria sea todo lo escrupulosa que debiera, más aún en tiempos de crisis. "La seguridad es un privilegio de los que tienen dinero", dice, "este tipo de contaminación ha ocurrido y volverá a ocurrir", sentencia.