Fernando León: "Deberíamos aprender de los que llevan toda la vida en crisis"

El director de cine, Fernando León.
El director de cine, Fernando León.
JORGE PARÍS.

Fernando León sigue como siempre. Alto, simpático y con la inconfundible melena, cada vez más gris, que le acompaña inseparable. Parece relajado, aunque este viernes estrena 'Amador', que narra la curiosa relación entre un anciano y la joven inmigrante que es contratada para cuidarle.

Pese a su título, la protagonista es Marcela...

Era el germen de todo: una joven que cuidara de un anciano. Después vinieron sus dificultades económicas y vitales. Su desubicación, su forma de agarrarse a un trabajo. Todo funcionaba a nivel narrativo y, además, me permitía hablar de las decisiones que tomamos en la vida, la muerte o el amor.

La película habla de inmigrantes. ¿Cómo se acercó a ellos?

Habla de ellos, pero no pretende ser un retrato, por lo que no me exigió una investigación muy profunda. Hace quince años, la protagonista habría venido de Extremadura o de cualquier otro sitio, porque lo que me interesa es que no ha encajado en Madrid, no tiene con quien compartir sus cosas... Algo que les pasa a muchos inmigrantes. La mitad quieren quedarse, pero muchos otros sólo piensan en ahorrar para volver a su país.

¿Presiona ser visto como un director comprometido, íntegro?

Al escribir un guión no puedes estar pendiente de esas cosas, porque intentar satisfacer expectativas ajenas sólo te lleva a equivocarte. No lo tengo en cuenta. Pero ahora, cuando enseño la película, sí pienso en lo que dirán de mí.

¿Nunca se ha planteado dar un volantazo, rodar algo totalmente distinto?

No, también sería actuar en función de los demás. Alguna vez hasta me lo han aconsejado, pero no me interesa. Yo quiero contar historias que me seduzcan, que tiren de mí para escribir.

Su cine se ha caracterizado por oscilar entre el drama y el humor. ¿Cómo lo logra?

De forma espontánea. Mi primera tendencia es cargarlo más de humor, pero termino haciendo un ejercicio de contención para que lo cómico no se coma la película. Ese equilibrio empieza en la escritura, después se corrige en el rodaje y, sobre todo, en la última etapa, al montar.

Por la propia historia, Amador podría ser esperpéntica.

Completamente: mucho más delirante. A veces me apetecía, pero tenía que limitarme a contar lo que quería. No quería abusar del humor negro, porque habría despistado el tema principal de la película: la vida.

Como cineasta social, ¿le estimula la actual crisis?

Mi motor no es denunciar situaciones, sino contar cosas sobre el ser humano. Ceñirme mucho a la actualidad sería un error, para eso hay géneros más apropiados como el reportaje televisivo o el documental. Los lunes al sol, por ejemplo, habla más de la capacidad de aceptar los hechos, de renunciar a cosas, de la identidad, que del paro. Y Amador tampoco es coyuntural: vemos a personas acostumbradas a vivir en una crisis permanente. Tenemos que tomar nota de ellos, aprender de la gente acostumbrada a vivir en el alambre.

Las historias y los personajes de su cine parecen nacer de lo cotidiano, ¿cuántas películas se le ocurren al día?

¡No soy tan obsesivo ni insoportable! Pero es verdad que cuesta desconectar, porque mi trabajo me divierte mucho. Me gusta pensar que las buenas historias no se dejan perseguir: como a los gatos, tienes que dejar que se acerquen ellas para atraparlas.

BIO: Nació en Madrid en 1968. Trabajó como guionista televisivo. Su primer largo fue 'Familia' (1996). En total, sus películas han ganado 5 Goyas.

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