'Somewhere'
Fotograma de 'Somewhere', de Sofia Coppola. ARCHIVO

Hay cosas en esta vida que nunca cambian. El mensaje del Rey en Navidad, los anuncios de la vuelta al cole en septiembre y las joyas que, cada dos o tres años, nos regala Sofia Coppola.

La cuarta pieza de bisuteria de la colección de la pequeña de los Coppola lleva por nombre Somewhere y supone una vuelta a los terrenos en los que la directora se maneja mejor: la soledad, los pequeños placeres de la vida, las relaciones personales. Podríamos estar ante un nuevo Lost in translation aunque esta vez la acción no transcurra en Tokyo, si no el Chateau Marmont de Los Angeles, residencia de una estrella de Hollywood.

En esta ocasión Coppola ha optado por contar con Stephen Dorff para cargar con el peso de la cinta. A a pesar de ser un actor de segunda fila, sale airoso en su interpretación de Johnny Marco, una estrella del celuloide que vive en un mundo de ensueño: alojado en un hotel de lujo, sus mayores preocupaciones son conducir un Ferrari, asistir a actos promocionales o descifrar mensajes de texto de remitentes desconocidos. Y, de vez en cuando, cuidar de su hija de once años. Éste será el punto de partida de la cinta, la visita del retoño y la relación que mantienen ambos personajes.

Me interesan los hoteles porque son un lugar de paso con personajes interesantesY en esa relación es donde se paladean los mejores momentos de Somewhere. Una relación cómplice entre un padre ausente y una hija que sabe que su progenitor no deja de ser un canalla con una cuenta corriente abultadísima y que vive a sus anchas: coches de lujo, mujeres a todas horas, suites de lujo en Europa. "He crecido viviendo en hoteles," - ha explicado Coppola - "me interesan porque son un lugar de paso con personajes interesantes".

Es en ese punto donde Somewhere se desmarca de Lost in translation, en el elogio a los pequeños placeres de la vida: un desayuno en familia, un helado en compañía. Junto a los hoteles, la soledad vuelve a ser otra de las piedras angulares. "Es interesante observar a las personas en estados de transición, en ese momento se aíslan del contexto que les rodea", ha explicado la hija del realizador de El Padrino.

Cuando dos y dos suman cuatro

Happy Few, cinta francesa de Antony Cordier, completó el jueves la cuota de sección oficial de la jornada. Una historia de parejas, de dobles parejas y de intercambio de las mismas que se ve venir desde el minuto uno hasta el pitido final. Desde la excitación inicial por el cambio vital que rompe con la rutina diaria hasta la desconfianza, los celos y la ruptura definitiva, las intenciones de Cordier se pueden adivinar a medida que pasan los minutos. No quedará entre los trabajos más destacados de esta Mostra.

La jornada se cierra este viernes con el león de oro honorífico para John Woo, que aprovecha su visita al Lido veneciano para presentar Reign of assassins, su último trabajo, donde vuelve a hacer aquello que mejor se le da: cine de acción, acción y más acción.