Secuestro del autobús
Un grupo de élite de la policía filipina penetra en el interior de un autobús raptado por un exoficial de policía en Manila, Filipinas. Denis Sabangan / EFE

La Policía de Filipinas ha reconocido que cometió errores durante el secuestro de un autocar con hasta veinticinco pasajeros en el que murieron nueve personas, incluido el secuestrador, un ex policía expulsado del cuerpo.

"Hemos visto algunas deficiencias obvias en términos de capacidad y de las tácticas o los procedimientos empleados, de modo que vamos a investigar", aseguró el director de la Policía, Leocadio Santiago.

Hemos visto algunas deficiencias obvias que vamos a investigar La Policía indicó que representantes del Gobierno de Hong Kong se han desplazado a la capital filipina para supervisar dicha investigación.

El Ejecutivo de la ciudad china se ha mostrado muy crítico con la gestión de la crisis y recomendado a sus conciudadanos que abandonen las islas al considerarlas inseguras.

El secuestrador, Rolando Mendoza, murió al ser alcanzado por un disparo en la cabeza efectuado por un tirador de la Policía con un arma de precisión.

La Policía decidió asaltar el autobús después de que el conductor lograra huir y relatara a los agentes que todos los rehenes estaban muertos, un dato que resultó ser falso. 

Mendoza, de 55 años, exigía que se le absolviera de los cargos que pesan contra él y ser readmitido en el cuerpo, del que le quedaba sólo un año para jubilarse y cobrar una pensión.

Indignación en Hong Kong

El jefe ejecutivo de Hong Kong, Donald Tsang, criticó la gestión del secuestro: "Es una gran tragedia. El modo en el que ha sido llevada la operación, y especialmente el resultado, lo encuentro decepcionante. Espero que el Gobierno filipino pueda informarme de todo lo ocurrido", señaló Tsang.

Tras el incidente las autoridades de Hong Kong han elevado el nivel de alerta para viajar al archipiélago filipino al grado máximo.

Todos los edificios oficiales de Hong Kong han amanecido hoy con las banderas a media asta en honor a las víctimas, mientras los comentarios en la prensa local aluden a la excesiva tardanza de los efectivos policiales filipinos en neutralizar al captor y liberar a los rehenes.