Tony Judt
El historiador británico Tony Judt. http://bnreview.barnesandnoble.com

Consciente de la enfermedad degenerativa que padecía, el historiador Tony Judt (Londres, 1948 – Nueva York, 2010) tituló su último libro Ill Fares the Land. Un diagnóstico -penetrante en lo intelectual, agónico en lo personal- de los dilemas a los que se enfrentan las sociedades occidentales contemporáneas.

Una guía para perplejos. Un feliz panfleto para encarar con una pizca de esperanza una nueva década de desigualdad económica creciente, de abandono de la política como discurso legitimador de lo público y de sacralización acrítica de la esfera de lo privado.

Tony Judt ha muerto dictando -su cuerpo permaneció inmóvil los últimos meses de su vida- artículos sobre los males del siglo XXI y crónicas secas sobre sí mismo y sus noches de obligada lucidez. Pero su labor durante décadas de oficio de historiador fue otra: desvelar admirablemente, desde el rigor, la erudición y el desencanto, la "atribulada memoria" del siglo XX europeo. Ese siglo por todas partes oficialmente conmemorado y a cada paso olvidado. Judt redefinió algunos de los conceptos sobre la historia reciente de Europa tomados por lugares comunes     

En Posguerra, su obra cumbre, redefine algunos de los conceptos tomados por lugares comunes cuando se echa la vista atrás. La posguerra europea, como la aborda Judt, es un "prolongado epílogo de una guerra civil europea iniciada en 1914, un interregno de cuarenta años que va desde la derrota de Adolf Hitler hasta la resolución definitiva de los asuntos que la guerra de este dictador había dejado pendientes".

Una historia tejida con los mimbres de la larga duración, que reconcilia Este y Oeste, que rebaja la trascendencia de algunos mitos generacionales un tanto sobredimensionados y que descubre las sucesivas capas de barniz del Holocausto.

Compromiso público

En los últimos años, soportando ya el aura de prestigioso historiador, el autor compaginó su cátedra de profesor en la Universidad de Nueva York con un compromiso público intachable, casi erasmiano, del que el libro mencionado al comienzo es quizá el ejemplo más acabado.

Crítico con la deriva ególatra y victimaria del Estado Israel, con la involución que representó en muchos aspectos la Administración Bush, con la ceguera del lobby judío de EE UU, Judt también se fajó contra la izquierda intelectual nostálgica del comunismo (y de sus tentaciones totalitarias) que no parece haber aprendido nada de sus libros… y también contra la izquierda socialdemócrata (que ha vaciado de sentido político el adjetivo).

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