Conocía a su hermano pequeño, aunque aún no lo sabía. Tenían un chiringuito estilo playero… a 400 km de la playa más cercana. Un día en los coches de choque me indicó sonriendo que me subiera. Mi amiga tuvo que sujetarme para que no me cayera y no pude moverme; me quedé como si aquello no fuera conmigo. Era guapísimo y no tenía ni idea de quién era. Al día siguiente llegué al “chiringuito” y adivinad quién servía cervezas. Se presentó, me dijo que era mala por dejarle plantado, que le había dicho su hermano lo bien que bailaba y que esa noche nos íbamos a la disco. Solo pude decir: “¡Vale!”, y pasamos casi dos años sin separarnos.

Me enseñó a vivir, a quererme, a querer... mataron mi amor, pero yo me quedé su alma, que sigo cuidando Esos días había ido al “chiringuito” a por su hermano mayor, a coger aire; éste acababa de salir de la cárcel –a la que entró por drogas- y en su intento de ayudarle acabó entrando él en ese mundo devorador. Cuando se dio cuenta de que me quería me dijo llorando que estaba atrapado, que estaba cayendo en ese pozo y que no podía permitir que yo cayera con él. Teníamos que separarnos, pero nos veíamos cuanto podíamos. Nos besamos un millón de veces aunque nuestros labios apenas si llegaron a rozarse en noches desesperadas.

Mil caricias se perdieron antes de que sus manos llegaran a tocarme sino como la haría cualquier otro amigo. Estar cerca era una tortura. Sabíamos que si empezábamos… Siempre estaba allí, esperando a su niña, así nos llamábamos. Creí que conseguiría quitárselo a las drogas. Pero me ganaron, no supe hacer más y un día dejó de venir. Le vi un año después, pero ya no era él. Apareció con un “amigo” y me contó una historia de por qué necesitaba mil duros. Me hice la tonta, se los di y el adiós que nunca le había dado. Hace 25 años, yo tenía 16 y no he querido olvidarle; no se lo merece. Me enseñó a vivir, a quererme, a querer. Me convirtió en lo que soy. Mi marido es maravilloso y ojalá mis hijos se le parezcan, pero también un poquito a él. Mataron mi amor, se llevaron su cuerpo y lo destrozaron, pero yo me quedé su alma, que sigo cuidando.