El salario medio del sector privado en 2009 fue de 1.858 euros mensuales brutos (antes de retenciones y deducciones). Desde 2000 hasta 2009, el incremento promedio anual ha sido de un 3,7 por ciento, el mismo que la media nacional, sin embargo, ese ritmo medio de crecimiento se aceleró en los últimos años.

De una subida de un 2,6 por ciento en 2005, se pasó a una de un 3,4 por ciento el año siguiente, para luego crecer un 3,9 por ciento en 2007 y un 5,1 por ciento en 2008, hasta moderarse un poco, con un 4,7 por ciento en 2009, según revela un estudio de la consultora Adecco.

Los incrementos de los últimos dos años han sido los más elevados en un decenio, a pesar de haber sido un bienio caracterizado por la crisis económica. Entre 2000 y 2009 el aumento total del salario medio privado fue de un 39,1 por ciento.

Tres cuartas partes de ese incremento fueron neutralizadas, en términos de poder adquisitivo, por la inflación. El incremento del Índice de Precios al Consumo (IPC) entre 2000 y 2009 alcanzó un 30,3 por ciento.

La ventaja de aproximadamente 9 puntos porcentuales, que a lo largo del último decenio lograron los salarios nominales (en euros) sobre la inflación, no se produjo de forma armónica. Entre 2000 y 2006, el salario medio tuvo un incremento de un 21,7 por ciento, muy parecido al aumento de los precios, que en el mismo periodo fue de un 22,2 por ciento.

En el trienio 2006-2009 el salario promedio subió un 14,4 por ciento, duplicando el incremento de los precios un 6,7 por ciento. Esto indica que la totalidad del crecimiento del salario real (poder de compra) se produjo en los últimos tres años.

El grueso de la mejora del poder de compra se ha producido en 2009, cuando los salarios han crecido un 4,7 por ciento, al mismo tiempo que los precios han descendido un 0,3 por ciento.

El respaldo del salario es la producción realizada por el trabajador. Si el trabajo de una persona no genera un valor suficiente, al menos equivalente a su propio salario, la duración de ese puesto de trabajo no será prolongada. Más aún, precisa Adecco, el trabajo debe generar un valor mayor que el salario del empleado, pues es necesario un excedente para el mantenimiento de los bienes que asisten su propio trabajo.

Por lo tanto, lo relevante desde un punto de vista económico para evaluar la sostenibilidad del empleo, no es cotejar la evolución de los salarios con la de los precios (aunque eso sí es importante para el asalariado), sino con la productividad, es decir, con la del valor añadido medio de cada asalariado.

Los datos muestran que en 2009 la productividad media (PIB por persona ocupada) ha resultado apenas un 1,3 por ciento más elevada que en 2000. Hasta 2006, el estancamiento de la productividad guardaba una cierta proporción con la evolución del salario real (poder de compra), que tampoco se elevaba.

En dicho sexenio, la productividad se redujo un 3,8 por ciento y los salarios reales no sufrieron variación. Pero luego, en lugar de una tendencia al restablecimiento de un equilibrio entre ambas variables, la disparidad se agudizó: en el trienio 2006-2009 el poder de compra se alzó un 9,3 por ciento, casi duplicando el aumento de la productividad, que alcanzó un 5,3 por ciento.

Los salarios crecen más que la productividad

A lo largo de los últimos 10 años, pero con mayor intensidad desde 2006, el poder de compra del salario ha acumulado un incremento no respaldado por una paralela expansión de la productividad. Mientras la productividad permitía un aumento del salario real del orden del 1 por ciento, el mismo se elevó un 9 por ciento.

Eso significa que el costo laboral de cada unidad producida es ahora en torno a un 8 por ciento más elevado. "Ahí radica el problema fundamental del mercado de trabajo español y, desde luego, no es casual que ese desequilibrio entre productividad y salario real coincida con las mayores tasas de desempleo de los últimos 15 años", precisa Adecco.

Entre las siete autonomías analizadas, el mayor salario promedio en 2009 correspondió a Madrid, con 2.161 euros mensuales brutos, lo que resulta un 16 por ciento superior a la media nacional. Por pocos euros de diferencia, el segundo lugar lo ocupa el País Vasco, con 2.154 euros.

En el extremo opuesto aparecen las autonomías valenciana (1.655 euros/mes) y gallega (1.615 euros/mes), cuyas remuneraciones promedio fueron un 11 por ciento y un 13 por ciento inferiores, respectivamente, a la media española. De lo anterior se desprende que la diferencia entre el salario medio más elevado (Madrid) y el menor (Galicia), es de casi un 34 por ciento, lo que equivale a 546 euros mensuales.

La situación relativa de cada autonomía en el terreno salarial no ha variado en los últimos diez años, lo que indica que su evolución ha sido paralela. Las siete autonomías registran incrementos promedio anuales entre 2000 y 2009 de entre un 3,4 por ciento (Madrid) y un 3,9 por ciento (Cataluña y Andalucía).

El incremento acumulado total en el decenio, -de un 39 por ciento para la media nacional-, alcanzó el mismo porcentaje en Aragón, Valencia y Galicia, fue apenas superior en Cataluña y Andalucía (un 41 por ciento más) y levemente más suave en el País Vasco (aumento de un 38 por ciento). Sólo Madrid presentó una subida total algo más baja, con un 35 por ciento.

No obstante, los datos de 2009 "podrían señalar una incipiente convergencia" entre los salarios promedio de las diferentes comunidades: las tres Comunidades autónomas con salarios más bajos (Andalucía, Valencia y Galicia) son las que experimentaron los incrementos más pronunciados (un 7,3 por ciento, un 4,7 por ciento y un 6,7 por ciento, respectivamente).

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