Churchill quería sentar a Hitler en la silla eléctrica

Ejecutar al führer como un gánster común.
Éste era el propósito de Winston Churchill,  primer ministro británico entre 1940-45 y 1951-55, que quería que el dictador alemán fuera ejecutado sumariamente en una silla eléctrica facilitada por Estados Unidos, según documentos secretos que salieron ayer a la luz.

«Este hombre es la encarnación del mal», dijo  Churchill sobre Adolf Hitler. El autor de  la célebre frase  «no tengo nada que ofrecer excepto sangre, sudor y lágrimas», pronunciada cuando tomó el poder en plena invasión alemana, creía que juzgar a Hitler y a otros dirigentes nazis tras la Segunda Guerra Mundial sería una farsa y que en su lugar deberían ser tratados como delincuentes y ser ejecutados de forma inmediata.

«Ejecutemos a los principales criminales como vulgares delincuentes», dijo Churchill, poniendo sus objeciones a un tribunal de guerra, que en su opinión sería un proceso de burla grotesco.

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