Desde que el tsunami arrastró sus casas, llevándose a las familias de muchos, viven en un campo de refugiados a las afueras de Banda Aceh, capital del estado más afectado por el desastre. Sólo en Indonesia murieron o desaparecieron unas 220.000 personas. Japón señaló ayer que trabaja en un sistema de alerta, con avisos a los móviles de los habitantes de las zonas amenazadas.