Un guardia civil del Grupo de Montaña de Potes, junto con otros cuatro componentes de las unidades de Rescate en Monta de este Cuerpo, ha coronado diversas cumbres de dificultad en la Cordillera Blanca de Perú.

En concreto, según ha informado la Benemérita este miércoles, participaron en la expedición el cabo primero del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil de Potes, Jesús Antolín, junto con el también cabo Abraham Aranda, del EREIM de Tarazona (Zaragoza), y los guardias civiles Pedro Partal de la SEREIM de Granada, y Enrique Fernández y Tomás López del GREIM de Viella (Lérida).

Todos ellos preparaban la expedición desde principios del pasado invierno, intensificando su entrenamiento en las unidades de rescate en las que están destinados para afrontar los retos de las ascensiones de estas montañas.

La Cordillera Blanca de Perú reúne la mayor concentración de cumbres de más de seis mil metros de todo el continente americano. A pesar de que se trata de las montañas tropicales más altas del mundo, los guardias civiles buscaban dificultad técnica en altura y no las cumbres mismas por el hecho de su ascensión. Por ello los objetivos a conseguir no incluían cumbres como el Huascarán, que con sus 6.768 metros es la más alta de la Cordillera.

Los expedicionarios partieron a Perú el 29 de mayo y comenzaron su período de aclimatación a la altura en el campamento base de Ishinca, a 4.350 metros. Desde este punto realizaron ascensiones al Urus (5.350 metros), Ishinca (5.550 metros) y al Tocllaraju de 6.036 metros, cuya ruta fue abierta ese día por los miembros de la Guardia Civil tras superar un muro de hielo de 90 grados de inclinación y sortear una barrera de seracs del glaciar.

Durante los dos días que los montañeros se tomaron de descanso en la localidad de Huaraz departieron con los miembros del Departamento de Salvamento de Alta Montaña (DEPSAM) de la Policía de Perú sobre técnicas de rescate. La policía peruana se interesó por el funcionamiento de las unidades de la Benemérita, con quien ya había tenido contacto en otra expedición en 1999.

Como segunda parte de la expedición los miembros del GREIM afrontaron las cumbres del Alpamayo (5.947 metros), considerada una de las montañas más bellas de la Tierra y que en la actualidad tiene impracticable una de sus vías más accesibles por un desprendimiento de seracs; y del Quitarraju de 6.040 metros.

Escalada de dificultad y rescate

Desde la planificación de la expedición en España, los guardias civiles quería subir la pared de la Esfinge, en el macizo del Huandoy, pero tras un primer intento en la 'vía del 85', con una dificultad de 7º grado en libre, A1 en escalada artificial y 750 metros de desnivel, los expedicionarios se vieron obligados a abandonar por el mal tiempo cuando ya llevaban escalados los primeros largos de la pared de roca.

Durante el descenso por el glaciar escucharon gritos de auxilio procedentes de la parte baja del mismo, donde un montañero ecuatoriano yacía con fractura abierta de tibia y peroné, fémur y una muñeca rota. Posteriormente, le diagnosticaron también fractura de cadera y tres vértebras aplastadas.

El montañero ecuatoriano descendía con su hermano por la ruta normal del glaciar cuando se asomó a un precipicio por donde resbaló cayendo unos 50 metros. Tras practicarle los primeros auxilios, los miembros de Montaña de la Guardia Civil Española comenzaron el descenso de la camilla facilitada por la Policía del Perú en una intervención que duró casi cinco horas.

Tras el percance del rescate, los miembros de la expedición afrontaron la escalada de la pared de La Esfinge, con poco tiempo de margen para regresar a España, por lo que superaron los 750 metros de pared en sólo una jornada de escalada, de las dos que se tenían planificadas con un vivac en pared intermedio.

El 25 de junio regresaron a España y retomaron el trabajo en sus unidades al día siguiente.

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