Gastronomía francesa
La gastronomía francesa es una de las más exquisitas.

La capital gala no es solo la ciudad del amor. París tiene arte, moda, diseño, historia y, por supuesto, gastronomía. El buen comer y el buen beber son casi una obligación si visitas al país vecino y para abrir el apetito qué mejor que pasear por las calles aledañas al Sena e ir introduciéndose en el ambiente parisino antes de iniciar un recorrido trepidante que tiene su sede en el centro de la ciudad y a precios muy económicos.

<p>Gastronomía francesa</p>Un buen lugar para comenzar es el restaurante Chartier, uno de los más antiguos de París. Cuando entras te sumerges en un cuadro de finales del siglo XIX. Engaña porque parece caro por el marco pero los precios son muy económicos. Está un poco escondido, al fondo de un patio, al lado de la salida del metro Grands Boulevards.

Otra opción, compatible, es acudir a La Réserve de Quasimodo, una vinacoteca que se anuncia como la taberna más antigua de la isla de la Cité en la que se encuentra la catedral de Notre Dame. Es un lugar muy francés; pintoresco, bonito y situado en la orilla izquierda del río, en una zona medieval. Los metros más cercanos son Hotel de Ville y Cité.

Para cenar, ¿qué mejor que el ave preferida de los franceses?. La recomendación es LeTrurnilou. En París la cantidad de comida no suele ser generosa por lo general. Es muy barato y en el caso de pedir pato tiene una magnífica relación calidad-precio. Está enfrente de la isla Saint-Louis y al lado de Notre Dame. El metro más cercano es Hotel de Ville.

<p>Gastronomía francesa</p>La recomendación más apetecible, como no podía ser de otra forma, queda para el final. Pocas cosas hay que puedan superar a un buen desayuno en la mañana del domingo: el mejor de París puede disfrutarse en Le Comptoir Général, en el muelle de Jemmapes, 80. Se trata de un desayuno popular con platos salados y dulces que además permite disfrutar de un espacio social, artístico y cultural.

El establecimiento se ubica dentro de un mercadillo en el que poder vender y comprar objetos de segunda mano que permitirán darle una segunda vida. Cada semana cede su espacio a  una ONG, asociación, proyecto artístico o cultural en contacto con la actualidad, o a un mercado biológico y de comercio justo. Los niños cuentan con su propio espacio para que los padres puedan estar tranquilos y disfrutar de un buen desayuno y diversas actividades hasta bien entrada la tarde.