Y lo hace pese al riesgo de derrumbe que le provocan los elementos climatológicos. Primero fue el agua. La lluvia caída la semana pasada podía haber puesto en riesgo la estabilidad del rascacielos, según los expertos. Ahora son el viento y la nieve. «Afectan al edificio, aumentan el riesgo y complican la obra», reconoció ayer la concejala de Urbanismo, Pilar Martínez. «Ayer [por el martes], por ejemplo, el viento hizo que cayeran a la vía pública varios cascotes». Sin embargo, y a la espera de que lo desmonten, el Windsor sigue firme, como se aprecia en la imagen captada ayer