«Falta un juicio histórico al franquismo»
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Anda estos días, lo cual tampoco es nuevo, a muchas cosas al tiempo: la promoción de su flamante libro Un mundo sin miedo, el trabajo de instrucción de sumarios y los preparativos para su viaje a Nueva York, donde pasará nueve meses, a partir de marzo, como profesor universitario invitado. Nervios de ardilla del Central Park para el juez Baltasar Garzón. 

¿Se va por cansancio? ¿Se siente quemado?

Para quemarme hace falta mucha brea, porque no soy un material de combustión fácil y me regenero de inmediato ante cualquier tropiezo. Me voy para tener otra perspectiva.

Se va usted al país a cuyo Gobierno acusa de boicotear uno de sus sueños: la Corte Penal Internacional.

Me voy a Nueva York, la ciudad más crítica con la Administración que lleva a cabo ese boicot. Creo que Estados Unidos, antes o después, entrará en la Corte Penal Internacional y creo que es bueno que lo haga, porque es la mayor iniciativa de paz de los últimos siglos.

¿Regresará a la Audiencia Nacional tras los nueve meses académicos?

Mi proyecto en este momento no es otro. No sé si diré lo mismo dentro de seis meses o siete. El uno de diciembre, si Dios quiere, me tengo que incorporar a la Audiencia.

El reposo necesario, porque usted barrunta algo...

En serio que no, nada. Si así fuera, lo diría. Me voy porque quiero tener una visión más amplia del fenómeno terrorista. Estados Unidos es el país que tiene una visión más alejada de la europea y quiero entender esa perspectiva para trazar algún puente y, si es posible, facilitar la cooperación que existe, aunque con muchas dificultades, entre la justicia española y la norteamericana.

Su marcha coincidirá con el primer año como presidente de Rodríguez Zapatero, ¿qué nota le da?

Han sido momentos delicados y no lo ha tenido fácil. En ética y coherencia aprueba suficientemente.

En 1993 dijo usted a González que el gran problema de España era la «poca credibilidad de los políticos». ¿Cómo ve ahora las cosas?

Sigue habiendo el mismo grave problema. Los políticos tienen un largo camino que recorrer para llegar a un aprobado en credibilidad.

Vivimos tiempos de descreimiento...

Vivimos el tiempo de la vergüenza: el terrorismo, la violencia, las acciones ilícitas, la impunidad, la indiferencia. Pero es verdad que en los últimos meses, como consecuencia de la catástrofe tremenda del tsunami, se ha reactivado la solidaridad internacional, incluso la institucional. Parece que algo se mueve en la Unión Europea y en las Naciones Unidas.

¿Es optimista en la lucha contra la impunidad?

Es un fenómeno imparable. Ya no se duda si Pinochet debe ser juzgado o no, se duda si llegará vivo al juicio.

Y al franquismo, ¿se le exigirán cuentas penales alguna vez?

Creo que el Parlamento debería tomar una decisión firme. Después de todo este tiempo, será difícil encontrar responsabilidad penal, pero intentemos establecer, al menos, un juicio histórico claro de las violaciones masivas de los derechos fundamentales en la dictadura. Con cerrar los ojos no se olvidan los ciudadanos españoles que fueron asesinados, masacrados, marginados y perseguidos.

¿Sigue teniendo ganas de juzgar en vez de investigar?

En un par de ocasiones he solicitado una plaza de tribunal, pero el Consejo General del Poder Judicial consideró que no me correspondía, que había un candidato mejor. 

¿Le sigue doliendo que esa plaza no fuese para usted?

Ni me dolió ni me duele. Soy consciente de dónde y cómo vivimos y de en manos de quién estamos.

¿Por qué le quieren mal?

Me da igual, me trae absolutamente al pairo. Decide un órgano colegiado. Si fuese por decisión popular, a lo mejor ocurría otra cosa.

¿Ve volar navajas?

Cuando tengo que pedir algo, lo pido, sabiendo cuál es el camino y sabiendo casi cuál va a ser el resultado. Éste es el juego...¿Quién le quiere silenciar? Yo no soy nadie. ¿A quién perjudica mi ideología? No creo que se preocupen mucho de lo que yo piense o deje de pensar, aunque a algunos parece que les molesta...

Usted ha señalado a periodistas...

Eso es diferente. Yo señalo a determinados profesionales que pervierten la profesión periodística del mismo modo que un juez que prevarica o dicta resoluciones injustas. Difunden despropósitos y sinsentidos. Estamos construyendo una sociedad de tarados. Es horrible. 

«Me gustaría viajar al Tíbet»

¿Reza? No. Reflexiono sobre cuestiones éticas.

¿Qué guarda bajo la cama? Las zapatillas.

¿Canta en la ducha? Y en más lugares.

El café, ¿solo o con leche? No tomo café.

¿Canta en los karaokes? Cuando voy, sí.

¿Cuántos e-mails recibe cada día? Demasiados.

¿Come chicle? No, es malo para los dientes.

¿Duerme con calcetines? No.

¿Tiene sueños eróticos? Hace tiempo que no.

¿Se sonroja si le halagan? Sí.

¿Conserva amigos del colegio? Sí.

¿Qué ruido le parece más insoportable? El del tráfico

¿Pasaría por el quirófano por estética? En absoluto.

¿Le preocupa su peso? Sí, tengo tendencia a engordar.

¿Ha probado el sushi? Sí, y me gusta.

¿Cambia mucho de peluquero? Siempre voy al mismo.

¿Un viaje que desee? Me gustaría ir al Tíbet.

¿Recoge los platos? Sí.

¿Un defecto? La soberbia