Nadie quería quedarse con una mezcla de pequinés llamada Churry y, además, muy enferma. Y entonces, ¡chas!, llegó mi hada madrina Margarita y me dio una segunda oportunidad. Lo primero que hizo fue cambiarme el nombre. «Te llamarás Wendy, como en Peter Pan», dijo. Luego, curó mis dolencias con ayuda del mago veterinario Antonio y, con un leve toque de varita, ¡tilín!, consiguió que me volviera el apetito. Continué siendo una paticorta, pero engordé hasta los cinco kilos y me creció la melena. Ha quedado tan encantada que, para rematar su buena obra, me está convirtiendo en la perrita más famosa del barrio.