Louie Psihoyos, director de 'The Cove': "El cine es un arma de construcción masiva"

  • El filme, prohibido en Japón, se estrena en España este viernes.
  • Ganó el último Oscar al mejor documental.
  • La cinta narra la captura y matanza de delfines en Japón.
  • El realizador tacha a esa industria de "criminal y sangrienta".
El cineasta estadounidense Louie Psihoyos.
El cineasta estadounidense Louie Psihoyos.
A CONTRACORRIENTE FILMS

Hollywood se ha puesto de su lado: ganó el Oscar al mejor documental y varios rostros famosos, como el de Brad Pitt, se han manifestado en su apoyo. ¿Por qué? Porque Louie Psihoyos, director de The Cove, ha irritado profundamente a Japón, que impidió la producción de la cinta y que, hasta ahora, ha prohibido su proyección en el país.

The Cove, que se estrena este fin de semana en España, narra lo ocurrido en un pequeño pueblo nipón donde, tras una fachada ecológica, se esconde una sangrienta matanza anual de delfines. Más de 23 mil mueren cada año en sus costas, y otros miles son capturados para ser exhibidos en delfinarios y parques acuáticos del mundo.

¿Cuándo, y por qué, puso en marcha The Cove?

Desde hace mucho tiempo. La historia era muy buena, así que tenía que hablar sobre ella. Era algo muy emocional, y que tocaba puntos de vista muy distintos: el uso de los delfines en cautividad, su pesca, la contaminación de los océanos, el cambio, heroíco, en la vida de Ric O'Barry (tras ser uno de los más prestigiosos entrenadores de delfines del mundo, abandonó su trabajo y se dedicó a la lucha medioambiental)... Era una historia simbólica, de cómo una sola persona puede intentar luchar contra el mundo.

¿Cómo se enteró de lo que sucedía en Taiji?

Fue en el año 2000, durante una conferencia marina en California. Muchos de los presentes perdían el tiempo hablando de cosas sin demasiada importancia y, casi al final, alguien sacó el tema. Pregunté, indagué y descubrí cómo se sustentaba la industria de la captura de delfines. Era nuevo para mí, y para todo el mundo. Por eso había que hablar de ello.

¿Cómo fue construyendo la película?

Como una película normal. Después de la idea, tuve un guión. Después, me puse manos a la obra. Buceé mucho, y llegué a ese pueblo, donde a todo el mundo parecen gustarle los delfines, para descubrir que algo iba muy mal. Era ridículo: un lugar donde, presuntamente, se preserva a los delfines pero donde se matan más de veinte mil al año.

¿Qué respuesta encontró en Japón durante la producción de la cinta?

Hasta me amenazaron de muerte. Varias veces. Aunque también hay que ser justo: algunos quisieron ayudarme, pero siempre bajo la condición de no desvelar nada sobre su identidad.

The Cove ha sido alabada por mezclar características de los documentales y de un 'thriller'. ¿Por qué esta mezcla?

A mucha gente no les gustan los documentales. Quería hacer algo más orgánico, excitante y vivo para el público. Por eso aposté por esa estética, más común, quizá más cinematográfica.

¿Qué espera lograr con la película?

Lo primero, que el público que vaya a ver la película deje de asistir a delfinarios y espectáculos de delfines. Son la punta de lanza de una industria criminal y sangrienta. Por otro lado, que también investigue sobre lo que está comiendo, sobre cómo nos mienten. Y, además, espero que detenga la cuenta atrás que se está activando contra los delfines: muchos están muriendo, y no sé qué pasará en un futuro con ellos. Me gustaría, con The Cove, cambiar la vida de la gente, aunque sea en pequeños aspectos.

¿Confía en que la gente pueda cambiar?

Sí. Tengo muchísima esperanza en la gente joven. La gente de mi generación, es cierto, es demasiado mayor para cambiar las cosas, pero los jóvenes son receptivos, siempre buscan respuestas. Ellos sí se dan cuenta de lo mucho que tenemos que perder si las cosas continúan igual.

¿Y los políticos? ¿Se dan también cuenta?

No lo sé, pero también los necesitamos. He estado en el Congreso de EE UU, y me escucharon... Espero que sirva de algo. El cine es un arma de construcción masiva: es lo contrario a una bomba. Soy muy positivo, me encanta mi trabajo, y creo que con él puedo hacer cambiar a la gente. Muchos espectadores me han escrito a través de Internet, y cada vez es más fácil que todos podamos conectar y solucionar las cosas.

Es su primera película, ¿cambiaría algo de ella?

Me gusta mucho. Disfruté mucho montándola, incluyendo una música preciosa... Yo, y mucha gente del público, hemos llorado con ella. Los últimos veinte minutos son duros, pero también muy emocionantes. La gente gritaba, aplaudía... Es algo que no he visto en muchas películas, salvo quizá en La guerra de las galaxias... Noté que compartía emociones con los espectadores.

En Japón, en cambio, será más difícil...

De momento, hemos logrado que se proyecte en un par de cines en Tokio. Es una forma de empezar... Pero la prohibición, paradójicamente, es nuestra mejor publicidad. La gente se preguntará por qué no pueden verla, y cada día me llegan llamadas y correos de medios de comunicación japonenes preguntándome qué ocurre. Eso, el impedir que el público japonés la vea, es nuestra mejor publicidad, insisto.

¿Cuándo, y por qué, puso en marcha The Cove?
Desde hace mucho tiempo. La historia era muy buena, así que tenía que hablar sobre ella. Era algo muy

emocional, y que tocaba puntos de vista muy distintos: el uso de los delfines en cautividad, su pesca, la

contaminación de los océanos, el cambio, heroíco, en la vida de Ric O'Barry... Era una historia simbólica, de

cómo una sola persona puede intentar luchar contra el mundo.

¿Cómo se enteró de lo que sucedia en Taiji?
Fue en el año 2000, durante una conferencia marina en California. Muchos de los presentes perdían el tiempo

hablando de cosas sin demasiada importancia y, casi al final, alguien sacó el tema. Pregunté, indagué y

descubrí cómo se sustentaba la industria de la captura de delfines. Era nuevo para mí, y para todo el mundo.

Por eso había que hablar de ello.

¿Cómo fue construyendo la película?
Como una película normal. Después de la idea, tuve un guión. Después, me puse manos a la obra. Buceé mucho, y

llegué a ese pueblo, donde a todo el mundo parecen gustarle los delfines, para descubrir que algo iba muy mal.

Era ridículo: un lugar donde, presuntamente, se preserva a los delfines pero donde se matan más de veinte mil

al año.

¿Qué respuesta encontró en Japón durante la producción de la cinta?
Hasta me amenazaron de muerte. Varias veces. Aunque también hay que ser justo: algunos quisieron ayudarme, pero

siempre bajo la condición de no desvelar nada sobre su indentidad.

The Cove ha sido alabada por mezclar características de los documentales y de un thriller. ¿Por qué esta

mezcla?
A mucha gente no les gustan los documentales. Quería hacer algo más orgánico, excitante y vivo para el público.

Por eso aposté por esa estética, más común, quizá más cinematográfica.

¿Qué espera lograr con la película?
Lo primero, que el público que vaya a ver la película deje de asistir a delfinarios y espectáculos de delfines.

Son la punta de lanza de una industria criminal y sangrienta. Por otro lado, que también investigue sobre lo

que está comiendo, sobre cómo nos mienten. Y, además, espero que detenga la cuenta atrás que se está activando

contra los deldines: muchos están muriendo, y no sé qué pasará en un futuro con ellos. Me gustaría, con The

Cove, cambiar la vida de la gente, aunque sea en pequeños aspectos.

¿Confía en que la gente pueda cambiar?
Sí. Tengo muchísima esperanza en la gente joven. La gente de mi generación, es cierto, es demasiado mayor para

cambiar las cosas, pero los jóvenes son receptivos, siempre buscan respuestas. Ellos sí se dan cuenta de lo

mucho que tenemos que perder si las cosas continúan igual.

¿Y los políticos? ¿Se dan también cuenta?
No lo sé, pero también los necesitamos. He estado en el Congreso de EE UU, y me escucharon... Espero que sirva

de algo. El cine es un arma de construcción masiva: es lo contrario a una bomba. Soy muy positivo, me encanta

mi trabajo, y creo que con él puedo hacer cambiar a la gente. Muchos espectadores me han escrito a través de

internet, y cada vez es más fácil que todos podamos conectar y solucionar las cosas.

Es su primera película, ¿cambiaría algo de ella?
Me gusta mucho. Disfruté mucho montándola, incluyendo una música preciosa... Yo, y mucha gente del público,

hemos llorado con ella. Los últimos veinte minutos son duros, pero también muy emocionantes. La gente gritaba,

aplaudía... Es algo que no he visto en muchas películas, salvo quizá en La guerra de las galaxias... Noté que

compartía emociones con los espectadores.

En Japón, en cambio, será más difícil...
De momento, hemos logrado que se proyecte en un par de cines en Tokio. Es una forma de empezar... Pero la

prohibición, paradójicamente, es nuestra mejor publicidad. La gente se preguntará por qué no pueden verla, y

cada día me llegan llamadas y correos de medios de comunicación japonenes preguntándome qué ocurre. Eso, el

impedir que el público japonés la vea, es nuestra mejor publicidad, insisto.
Mostrar comentarios

Códigos Descuento