Las piñas serótinas permanecen cerradas durante años en el árbol y sólo se abren cuando son sometidas a elevadas temperaturas, superiores a los 45-50 grados. Los investigadores explican que, al producirse un incendio, estas piñas se abren y dispersan sus semillas, lo que contribuye a la regeneración natural de las zonas asoladas.

Además, el estudio revela que la presencia y abundancia de estas piñas está relacionada con el número de poblaciones arbóreas que han sufrido durante miles de años "fuegos recurrentes que afectaban a sus copas".

En el caso del incendio de Guadalajara, los pinares de la zona —en su mayoría, de pino rodeo, una especie del mediterráneo occidental — se han regenerado de un modo natural gracias a la acción de estas piñas, en detrimento de otras zonas que contaban con otras especies.

Para llegar a esta conclusión, los expertos analizaron la situación de estos montes desde el año 1985 y localizaron aquellas superficies que habían sido objeto de repoblaciones en el pasado, así como las zonas que nunca habían sido intervenidas.

En este caso, tanto la producción de piñas como la presencia de conos serótinos fue "significativamente más abundante" en las zonas que no se habían intervenidos que en las repobladas, con un incremento hasta nueve veces superior, según el estudio.