Naomi Watts
Naomi Watts posa junto a Liraz Charhi antes de la proyección de  'Fair Game' en Cannes. Ian Langsdon / Efe

La guerra de Irak vuelve a estar de actualidad en el Festival de Cannes. Si el miércoles fue Ken Loach con Route irish el que puso en el punto de mira las injusticias que se cometen en territorio iraquí a manos de los mercernarios que trabajan sobre el terreno, hoy la acción se ha trasladado a los despachos de Washington. Fair game, del norteamericano Doug Liman, explica la historia de Valerie Plame, la agente de la CIA cuya identidad desvelaron miembros del gobierno de Bush.

Es un thriller político, como el de Loach, pero con el que pierde a los puntosSi bien Fair game se aleja del registro de Loach y su entorno urbano de Route irish y centra la acción en las intrigas de pasillo, ambos son dos thrillers políticos con desigual resultado. La cinta de Liman es entretenida, y cumple en su misión de explicar las causas por las que la identidad de Plame se reveló en su día, pocos meses después de que empezara la guerra de Irak. Pero donde Loach consigue que sus personajes tengan enjundia, Liman fracasa.

Siguiendo en la línea del cine político, el miércoles también hubo que reservar un hueco, un hueco de cinco horas, para Carlos. Una miniserie creada para Canal Plus Francia sobre la vida del terrorista conocido como Chacal y que se ha proyectado en la sección oficial fuera de competición. La cinta venía con polémica previa. Por un lado el propio Chacal que ha intentado boicotear el estreno de la producción por asegurar que lo que se cuenta en ella es completamente falso. Por otro lado, los puristas cinéfilos, que se quejan de que un producto televisivo no debería tener sitio en este certamen.

Pero Carlos ha acabado por conquistar a la mayoría de la crítica, con unas cuantas excepciones, por su retrato del terrorista que estuvo a punto de acabar con la vida del general De Gaulle. Lo dirige Olivier Assayas, antiguo crítico de Cahiers du cinema, algo más que la Biblia para muchos cinéfilos, y que ha demostrado su solvencia detrás de las cámaras en los últimos años. Demonlover, es un buen ejemplo de ello.

Tragicomedia a la italiana

A pesar de las cinco horas de Carlos, la jornada aún se guardaba otro as bajo la manga de la sección oficial. La italiana La nostra vita, del italiano Daniele Luchetti, ha sentado bien entre la prensa, que ya es mucho decir, a los que ha regalado una hora y media de tragicomedia con un cierto tono ligero muy de agradecer en las jornadas finales de un festival. Luchetti no deslumbra pero tampoco decepciona con el relato de un padre de familia al que la muerte de su mujer le deja, de repente, al cargo de tres hijos.

El festival se acerca inexorablemente a su final y la sensación entre los asistentes no esconde un cierto sabor a decepción. A la espera de las cintas de competición que quedan por proyectar, y en la que podría destacar Hors la loi, de Rachid Bouchareb, la sensación generalizada es que la calidad de las cintas exhibidas ha sido más bien floja. Una pena, sabiendo el nivel con el que Cannes suele contar cada año. Pero antes de adelantar acontecimientos toca esperar hasta el sábado, momento en el que se cerrara la competición a la espera del veredicto del jurado que dirige Tim Burton.

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