H.R. Giger
El polémico artista suizo H.R. Giger junto a su creación más famosa: Alien. ARCHIVO

Fantasía, erotismo y pavor se entremezclan en un cóctel macabro en el depósito del aerógrafo, para traspasar después los límites del lienzo y cobrar vida en cuatro dimensiones. Detrás de su obra hay un demonio que pugna por salir: si Dalí tuviera un gemelo siniestro y oscuro, se llamaría Hans Rudolf Ruedi Giger. Giger ha creado un mundo propio y perturbador influenciado por el surrealismo, el ocultismo y la magia

Alien es sólo la punta del iceberg. El monstruo espacial le dio la fama y el reconocimiento mundial, pero su talento, que despuntó mucho antes, es bastante más amplio y versátil, y abarca toda clase de materiales y formatos: además de lienzos y esculturas, muebles, marcos para espejos, candelabros, lámparas, armarios, cartas de tarot, videojuegos –Dark Seed–, motos, guitarras eléctricas –comercializadas por Ibanez–, bares y una serie de relojes artísticos conocidos como Giger’s watch, con los más diversos usos (para flagelarse, contra el estreñimiento, orgásmico...).

Dibujante, pintor, escultor, diseñador y arquitecto de interiores, H. R. Giger ha creado un mundo propio y perturbador influenciado por el surrealismo, el ocultismo y la magia, con la biomecánica –término acuñado por él mismo– como piedra angular.

Un niño tímido y vago

Hijo de un rígido farmacéutico, Giger nació en Coira (Suiza) en 1940. Creció entre frascos de pociones y modelos anatómicos humanos, algo que con seguridad influyó en su obra. Según confiesa él mismo, era "increíblemente tímido, vago y absolutamente negado para estudiar", pero le gustaba modelar con plastilina. También estaba obsesionado con dibujar castillos, palacios y trenes, con los que jugó hasta los 12 años; mucho más tarde regresaría esta obsesión por los trenes, incluso construiría uno a gran escala en el jardín de su casa. Estaba obsesionado con dibujar castillos, palacios y trenes, con los que jugó hasta los 12 años

En la pubertad empezó a coleccionar revólveres y tras besar a su primera chica, a los 14 años, se aficionó al saxofón y el piano. Perdió la virginidad a los 21 años; afirma que desde entonces ya no pudo dejar el sexo. Con anterioridad tuvo que contentarse con el onanismo, que practicaba en las últimas filas de la clase.

Encontró finalmente en la arquitectura y el diseño industrial una forma de contentar a su padre y de alimentar sus propias inquietudes. Mientras cursaba sus estudios comenzó a realizar sus primeros dibujos a tinta y al óleo. Era el año 1964; de esta época datan los primeros bocetos de sus famosos Niños atómicos, que décadas antes de la catástrofe de Chernobyl preconizaban los efectos de un apocalipsis nuclear. No era esta obra, sin embargo, una defensa de la infancia sino la catarsis de unos pensamientos perturbadores: "Los niños son tan maravillosamente inocentes que cuando los veo en masa se convierten en algo aterrador. Entonces me parece que representan el origen del mal, que están predestinados a ser los males físicos y orgánicos de nuestra sociedad", decía.

Los niños son tan maravillosamente inocentes que cuando los veo en masa se convierten en algo aterrador

Interesado por Freud, registró sus sueños en un diario; éstos y sus terrores nocturnos –que sufre patológicamente– comenzaron a convertirse en su fuente de inspiración.

En 1966 encontró trabajo como diseñador de muebles en Zúrich. Allí conoció a su gran amor: la actriz Li Tobler. Locamente enamorados, se fueron a vivir a una buhardilla abandonada; allí nacieron algunas obras relevantes como la Máquina de parir.

Con el paso de los años, el reconocimiento del talento de Giger fue en aumento, y participó en el diseño de la portada de varios discos, si bien tuvo que sufrir la censura y la incomprensión a causa de los motivos sexuales (implícitos o explícitos) de sus trabajos. En 1975 tuvo la oportunidad de pasar un tiempo en Cadaqués con Dalí, que tanto le influiría en su flema surrealista. Una tragedia estaba en ciernes, sin embargo: ese mismo año, Li se quitó la vida de un disparo. Su muerte marcó para siempre su obra. En 1977 publicaría un libro de ilustraciones, Necronomicon, que cambiaría su vida: sus criaturas medio orgánicas medio sintéticas sirvieron de inspiración para la película Alien (1979).

Giger en el cine

En 1976, por mediación de Dalí y Jodorowski, Giger recibió su primera gran propuesta cinematográfica. Se trataba de la película Dune, para la que diseñó el mundo de la Casa Harkonnen, según un guión de Moebius. El proyecto no encontró financiación, pero Dan O'Bannon, guionista de Alien, prendado de su libro Necronomicon, convenció a Ridley Scott para que Giger diseñara las criaturas y los escenarios. El éxito de la película les pilló por sorpresa. Giger se alzó con un Oscar en 1980 y se convirtió en un fenómeno de culto. En 1976 Giger recibió su primera gran propuesta cinematográfica

Sus diseños volvieron al celuloide con Poltergeist II (de la que no quedó contento), Alien 3 y Species, donde pudo hacer realidad su sueño del tren fantasmal. También diseñó un batmóvil para Batman forever, pero Warner lo descartó. Cuando Dune quedó en manos de Ridley Scott, Giger retomó su proyecto, pero el hermano de Ridley murió y David Lynch se hizo cargo de la cinta. Descartó la visión de Giger, si bien conservó algunos diseños rudimentarios.

Y Giger, que se había quedado obsesionado con la idea de fabricar los muebles que había diseñado para los Harkonnen, empleó su propio dinero para sacarlos adelante. Hoy forman parte del mobiliario de dos Giger Bar de Suiza (llegó a haber otro en Nueva York y un cuarto en Tokio) situados en Coira y en el castillo de St. Germain, Gruyères, que Giger compró y que hoy es la sede de su museo. El mejor lugar para sumergirse en su mundo de pesadillas.

Un pentágono para el tren suizo

El proyecto más ambicioso de Giger, es, sin duda, su sistema de trenes para Suiza. En 1993 escribió una carta al presidente de esta nación dándole a conocer su magistral idea: una red de túneles que atravesarían Suiza formando una estrella de cinco puntas. Los trenes (magnéticos y de tres pisos) circularían a 600 kilómetros por hora. Cada entrada del túnel estaría señalada por una pirámide de 1.000 metros de altura destinada al reciclaje y a la eliminación de basura y también "a proporcionar a los asilados un nuevo hogar".

No pases de...

Una peli: Alien, el octavo pasajero. Obra maestra y paradigmática del terror y la ciencia ficción, libre adaptación de la novela La línea de sombra, de Joseph Conrad. Supuso un punto de inflexión en las carreras de Ridley Scott; su protagonista, Sigourney Weaver; y Giger, que fue galardonado con un Oscar (el único de la película) a los mejores efectos visuales. Scott prepara ahora su precuela. (Ridley Scott. 20th Century Fox, 1979. 8,95 euros).

Un disco: Frankenchrist. Para ilustrar su tercer álbum, el más melódico, el líder de este grupo americano de hardcore punk, Jello Biafra, adquirió por 600 dólares el Paisaje de penes (1973) de Giger. Biafra fue acusado de facilitar pornografía a menores. Finalmente se anuló la acusación (aunque se obligó a cambiar la portada), pero el proceso ya había llevado a la discográfica a la bancarrota, que sobrevivió gracias a sus fans. (Dead Kennedys, 1985. 18,50 euros).

Un libro: The Mystery of San Gottardo. Incluye ilustraciones, textos, fotos, cartas y notas sobre un proyecto personal que Giger ha estado gestando durante más de 30 años y que ha tratado de llevar al cine sin éxito. A medio camino entre la ciencia ficción y el horror, ilustra una historia situada en una Suiza distópica en la que un brazo-pierna sexualmente insaciable causa estragos. (H. R. Giger (Taschen, 1998) 51,82 euros. www.amazon.com).