El hombre, que ya había sido condenado anteriormente por un delito de lesiones, tras atacar a un transeúnte con una navaja, explicó que el día de los hechos, en la madrugada del sábado del 12 de septiembre de 2008, acudió a la Avenida de la Plata de Valencia, donde solía reunirse los fines de semana con otras personas procedentes de países sudamericanos. Él tiene la nacionalidad colombiana, mientras que la víctima era boliviano.

Una vez allí, entre las 1 y las 2 horas, afirmó que se le acercó la víctima, de unos 32 años, y le acusó de haberle robado el teléfono móvil. Él se lo negó pero, sin embargo, según dijo, la víctima, con la que había trabajado para el mismo jefe y "nunca" tuvo "ningún problema", le dio un cabezazo y le tiró al suelo.

Seguidamente, el acusado contó que alguien le pasó una navaja, y entonces, para "defenderse", se la clavó "una vez" —frente a ello, tanto el ministerio fiscal como la acusación particular mantienen que fueron dos navajazos, el primero leve y el segundo grave—.

Tras agredirle con la navaja, indicó que otras personas que estaban por allí le dijeron que se fuera, por lo que, "sin ver dónde" le clavó el arma, se fue. "Yo ya no veo nada más, me voy de allí. Sólo, caminando". A las dos horas fue detenido por la Policía. El hombre, quien insistió en que ese día llevaba bebiendo alcohol desde las 17.00 horas, explicó que la navaja que utilizó la tiró a un contenedor.

Ante su versión, el ministerio público le preguntó por qué ahora sí recordaba el motivo de la discusión —el teléfono móvil—, mientras que en sus declaraciones anteriores, ante la Policía y las instancias judiciales, afirmó no acordarse.

También señaló que desconocía su afectación por la ingesta de bebidas alcohólicas, puesto que fue detenido dos horas después de registrarse el incidente, mientras que sí concretó que la víctima presentaba esa madrugada una tasa de alcohol en sangre de 2,42 gramos/litro.

Así, considera al hombre autor de un delito de homicidio, por lo que pide para él una pena de 14 años de prisión, y la acusación particular lo califica de un delito de asesinato, con la agravante de superioridad, por lo que reclama 20 años de prisión. Frente a ello, la defensa estima que su cliente no incurrió en ningún delito, pero reclama que de atribuirle algo, como alternativa, sea un delito de homicidio imprudente, por el que debería cumplir un año de prisión; un delito de lesiones con resultado de muerte, de dos años; u otro de homicidio, por el que pide 10 años.

La defensa mantuvo en todo momento que su cliente había bebido mucho esa noche; que era "desconocedor de la fuerza y de la zona en la que ocasionó la herida"; y que "en ningún momento consideró haberlo herido de gravedad".

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