Bardem e Iñárritu presentan su candidatura a la Palma de Oro de Cannes

  • El actor protagoniza el nuevo trabajo del realizador mexicano, 'Biutiful'
  • Su actuación ha sido aplaudida al finalizar la película
  • Takesi Kitano se sale por la tangente y entrega una cinta de yakuzas pura y dura: 'Outrage'
Bardem e Iñárritu, en Cannes.
Bardem e Iñárritu, en Cannes.
Efe

En este extraño festival de Cannes en el que de repente un día la organización programa un par de documentales, contraataca con dos pelis de autor al siguiente y remata la faena juntando a Woody Allen con Mike Leigh, el día de hoy estaba señalado con rotulador en las agendas de todos. Y no solo de los españoles y mexicanos, que tienen en Biutiful, su gran película del festival, ya que a la fiesta se ha unido Takeshi Kitano con Outrage, una vuelta a lo que el nipón sabe hacer mejor: contar historias de yakuzas.

Iñárritu tiene una relación especial con Cannes. Amores perros, estrenada en la Semana de la crítica le puso en el punto de mira de todos como un talento emergente y con el premio a mejor director por Babel, hace cuatro años, completó la cuadratura del círculo. Un círculo que tiene una arista. A Iñárritu solo le falta la palma de oro para completar su idílica relación con la Costa azul. Y este año viene a por todas, con Biutiful, una cinta en la que por primera vez emprende una aventura narrativa sin su habitual colaborador, Guillermo Arriaga, y en la que ha contado con Javier Bardem para llevarla a cabo.

De su elección, Iñárritu ha asegurado que la película estaba hecha exclusivamente para que la interpretara el actor: "Siempre pensé en Javier. Nadie podría haber hecho el personaje como él. No habría podido hacer esta película sin él". De Bardem poco se puede decir. Es una apuesta segura. Como un partido de la selección española de baloncesto o un concierto de Franz Ferdinand. Es por todos conocido que no suele fallar, y en Biutiful no lo hace. El carga con el peso de la historia de Uxbal, un bala perdida, un tipo con mil trapicheos que tan pronto colabora con inmigrantes chinos como con manteros africanos mientras intenta sacar a flote a dos hijos y llevar por el buen camino a su mujer.

Si la historia se ciñera únicamente a este guión, Biutiful habría maravillado. Pero Iñárritu vuelve a introducir críticas, algunas sutiles, otras no tanto, al mundo global y a las desigualdades que, en muchas ocasiones, no vienen a cuento con la historia que está contando. Pero la cinta funciona, y funcionará en taquilla. No será nada descabellado que su nombre figure en el palmarés de este año.

A diferencia de Vicky Cristina Barcelona, Biutiful se desarrolla en esa otra Barcelona. Sucia, caótica, de barrio. Nada que ver con el modernismo ni el Paseo de Gracia, más cercana al Besós, a Física o Química o a los personajes que pueblan la Plaza Real. "Me di cuenta en un paseo por el Raval. Barcelona es la reina de Europa, y como toda reina, tiene un lado mucho más interesante que su faceta burguesa y más conocida", ha admitido el director.

Kitano, sangre y yakuzas

Que en Cannes se proyecten títulos como Biutiful no sorprende a nadie. Que Outrage, de Takeshi Kitano, participe en la sección oficial es una bendición y un alivio para muchos espectadores. Alivio porque entre tanto cine de autor, de reflexión política y social, nunca está de más poder plantarse ante un espectáculo visual cercano a las dos horas en los que predominan los tiros, la sangre, el humor negro y una buena trama de mafiosos.

Todo eso es Outrage, el retorno de Kitano al cine de yakuzas después de Brother. Es más que probable que el jurado no se acuerde de ella el domingo, pero los seguidores de este cine encontrarán una joya en la nueva obra del japonés, en la que se encuentran todos los canones del género. Algún sector crítico ha criticado su excesiva trivialidad. A estas alturas del festival, trivialidades como estas se hacen más que necesarias.

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