Un portavoz de la empresa en cuestión explica en el rotativo que "es más difícil levantar y transportar de un lado a otro un cadáver si pesa mucho", argumento que también se usa para encarecer la cremación, ya que en ese caso tienen que utilizar "más energía".

Este es el caso reciente de un entierro que se encareció en 19.000 forintos (unos 80 euros), pues el difunto pesaba 140 kilos y los empleados de la funeraria y el cementerio tuvieron que hacer un mayor esfuerzo físico para moverlo.

A la vista del aspecto físico de los sepultureros un cadáver de "peso normal" no debe pesar más de ochenta kilos, explica el cronista de "Színes Lap", quien, sin embargo, no logró averiguar si por enterrar a un flaco la empresa hace descuentos o no.