Pueblos sin conexión
José, Ponciano y Eusebio, habitantes de Valverde de Alcalá, en la parada de bus del pueblo. JORGE PARÍS

Ponciano, de 69 años, lleva cuatro años sin bajar a Madrid. La última vez fue "porque no quedaba más remedio para visitar a un familiar en el hospital". Celestina, de 63, ya ni recuerda el tiempo que hace que no pisa la capital. Y eso que ambos viven casi a un paso de la ciudad: son vecinos de Valverde de Alcalá, un pueblo situado a sólo 43 kilómetros de Madrid, pero que en la práctica está a años luz. Llegan menos de tres autobuses interurbanos al día

Valverde es uno de los 40 municipios de la región donde llegan menos de tres autobuses interurbanos al día. Entre ellos hay 19 que ni siquiera tienen conexión directa con la capital. Sus habitantes (unas 40.000 personas censadas) se sienten incomunicados y sólo tienen dos opciones cuando necesitan llegar a Madrid: hacer largos transbordos o pedirle el favor a algún vecino con coche.

La mayoría de estos pueblos están en la Sierra Norte. Los habitantes de municipios como Berzosa del Lozoya, Montejo de la Sierra o Cervera, entre otros, se ven obligados a hacer transbordos en Buitrago, que les sirve de nexo con la capital. Mientras, en la zona del Corredor del Henares, los vecinos de Camarma o Santos de la Humosa tienen que hacer conexión con Alcalá. En el sur, para salir de Villamantilla o Villanueva de Perales hay que cambiar de autobús en Alcorcón.

Segundas residencias

El Consorcio de Transportes explica que son zonas poco pobladas y que "el número de expediciones [trayectos de autobús] se fija en función del número de habitantes". Además, "es preferible tener una mínima comunicación antes que no tener ninguna", según fuentes del organismo. Sin embargo, el censo de estos municipios no cuenta con los madrileños que tienen allí su segunda residencia y que triplican su población los fines de semana, festivos y en los meses de verano. "Si aumentara la demanda, ampliaríamos el servicio a estas zonas", añaden desde el Consorcio.

"Practicamos mucho autostop"

Los 465 habitantes de Valverde de Alcalá son también madrileños, pero su vida está en las antípodas de la capital. De hecho, "hay alguno que no conoce ni Madrid porque estamos totalmente aislados", dice Eusebio, de 71 años.

Hay alguno que no conoce ni Madrid porque estamos totalmente aislados

Salir del pueblo es una aventura para ellos. Necesitan tiempo y paciencia. "Si tienes que ir al médico y nadie te puede llevar, tienes que cuadrar la cita con el horario del autobús", dice Nuria, de 26 años. Es una de las pocas jóvenes que aún vive allí, pero necesita su automóvil para no verse incomunicada: "A los 18 años es imprescindible tener el carné. Aquí, sin coche te mueres de asco", cuenta.

Además, tener automóvil propio en Valverde te garantiza la popularidad. La rotonda de entrada al pueblo se ha convertido en una parada de taxis improvisada: "Como no hay autobús, practicamos el autostop a diario. Te pones en la rotonda, esperas a que pase algún vecino y le gritas: 'Fulano, ¿dónde vas?' y te montas con él", explica José, de 61 años.

En el vecino pueblo de Corpa (559 habitantes) pasa más de lo mismo. El único autobús que les lleva a Madrid sale a las 6.30 h de la mañana y vuelve a las 16.00. "Para ir al médico o a comprar sólo podemos ir a Alcalá; y hay que aprovechar para hacerlo todo en una sola visita", cuenta Antonio mientras pasea por la travesía de su pueblo.

Aquí hay calidad de vida: dos bares, la tienda, la escuela, el pinar, y el médico, que viene cada dos día

Sin embargo, en realidad tampoco echan mucho de menos la conexión con la capital. "¿Para qué voy a ir a Madrid? No lo necesito... aquí hay calidad de vida: dos bares, la tienda, la escuela, el pinar, y el médico, que viene cada dos días", dice Ponciano, de Valverde. "Ir a Madrid a pasear es un poco de tontos, esto es sano de verdad", añade.

De hecho, dicen en la zona que quien llega a Valverde ya no se quiere ir de allí. Algo así le pasó a José, "de Vallecas de toda la vida" pero residente en el pueblo desde hace ya cinco años: "Aquí aterricé, vine huyendo de la ciudad y aquí me he quedado. No quiero ni oír hablar de Madrid", cuenta.

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