Así se fue erizando la frontera de fortalezas y casamatas. A ambos lados, sin embargo, había un sustrato antiguo y común que continuó por siglos vivificando pese a las pautas oficiales de hostilidad territorial.

El paisaje y las gentes, la cultura y la economía se funden y confunden, se identifican hoy como ayer, y si la Unesco no realzó el viernes ese patrimonio inmaterial, ya sabemos, fue por exceso, por su amplitud. Acaso incluyeron a los contacontos del Ave, aquí también patrimonio inmaterial.

En lo tangible, la Xunta firmó el mismo viernes un convenio de colaboración con los bombeiros voluntarios. Con ambos países ardiendo como el último verano, lo necesitan, bomberos y voluntarios. Para cazar el ave fénix todo el año.