«En casa todo huele a belenes»
Un nacimiento boliviano (sobre estas líneas), de los más apreciados por Rafael. Abajo, un misterio de corte más popular. Caco Rangel
Tiene en su casa un auténtico museo. Colecciona mil y una figuritas de barro, escayola o porcelana, unas traídas de Bulgaria, otras de Méjico, Hungría, Checoslovaquia o Taiwán. «El nacimiento que estamos hartos de ver en los 20 duros viene de Canadá», dice Rafael Salas, un utrerano que lleva más de 55 años dedicado a fabricar nacimientos con todo el cariño. «Empecé a los 15 años. Fue gracias a mi tío que me regalo las primeras figuritas para hacer los primeros belenes», recuerda.

De sus manos han salido misterios para colegios, como los Salesianos; el club infantil Los Leones; o La Roldana, agrupación a la que pertenece «y debo mucho como belenista». Pero si ha colaborado en un misterio importante ese es el de la catedral: «Recuerdo una vez que estábamos montando el belén y, al lado, reparaban la momia de San Fernando. ¡Nos tuvimos que salir del mal olor!». Estos días, está enseñando en el hospital el arte del belenismo a los niños de Oncología