Los estafadores, que se hacían con los datos de sus vecinos a través de la correspondencia que les llegaba al inmueble, se encontraban en una posición económica cómoda y realizaban las operaciones como un reto, según la nota.

La pareja permitía al portero que recogiese todos los paquetes que se dirigían a su domicilio y simulaban la firma de las identidades usurpadas.

Este delito de utilización virtual fraudulenta de tarjetas de crédito es conocido como 'carding'.

Las policía les acusa ahora de fraude, descubrimiento y revelación de secretos en 21 operaciones realizadas entre abril y agosto.