En Murcia conocemos la situación de miles de personas que vienen en busca de trabajo y de una vida mejor. Pero no podemos obviar el hecho de que nos estamos convirtiendo también en un paraíso para ese pequeño porcentaje de foráneos que se nos cuelan y se aprovechan de las acomplejadas leyes vigentes para pasearse por nuestras calles con docenas de detenciones a sus espaldas. El problema radica en que los extranjeros que sí vienen con la intención de prosperar honradamente (que son la inmensa mayoría) pueden verse injustamente afectados si esta situación se agrava. O se pone remedio pronto al asunto o no tardaremos en contemplar el surgimiento de grupos de radicales intentando hacer pagar a justos por pecadores. Y eso sería, desde luego, vergonzoso.