Jaime Peñafiel: "No soy monárquico, soy juancarlista y lo seré hasta mi muerte"

  • 20 minutos entrevista al periodista, que ha publicado un libro.
  • "Lo que nos ha separado al Rey y a mí ha sido una mujer", dice.
  • Añade que "Letizia vive en permanente tensión por ser la mejor".
El periodista Jaime Peñafiel.
El periodista Jaime Peñafiel.
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Cuarenta años de profesión, más de 100 viajes acompañando a los Reyes al extranjero y 45 bodas reales. Con semejante bagaje, las anécdotas de Jaime Peñafiel son tan cuantiosas como jugosas. Coincidiendo –por casualidad o no- con el aniversario de la proclamación de la República, ha presentado su libro La mesa está servida, majestad (Martínez Roca), un libro lleno de anécdotas sobre banquetes reales y de Estado y sus historias subyacentes porque "mesa y cama siempre han estado muy relacionados". Lo ha presentado en Jockey (que ha servido todos los banquetes de Estado desde hace muchos años), flanqueado por dos Cármenes de excepción: Lomana y Posadas. A 20 minutos nos recibe con suma cortesía.

¿Libro de encargo o inspiración?

Ha sido un libro de encargo, el título está inspirado en lo más importante que me ha pasado en mi vida de periodista, y es que pasé a solas con Juan Carlos y Sofía sus primeras horas al poco de convertirse en Rey y Reina. Era el 22 noviembre de 1975, yo iba andando por la Gran Vía y vi pasar el coche del Rey, iban sin seguridad ni nada hacia el palacio de Oriente, para ser proclamados reyes ese día. Y vi que el Rey me hacía un gesto, como que le llamara por teléfono. Así lo hice después, y me cogió el teléfono Alfonso Armada, que era el secretario general de la Casa Real. Le expliqué lo que había pasado y me dijo que fuera a las 7 de la tarde. Pensé que iba a ver una recepción.

Cogí un taxi, porque no conduzco, hacia el Palacio de la Zarzuela, y cuando llegamos no había un alma, ni seguridad ni nada. Toqué a la puerta, como puedo llamar a la puerta de mi casa, y me abrió Francisco, que era el conserje, y me pasó al despacho de los Reyes, y me encontré una escena surrealista: al Rey sentado en una mesa llena de cámaras, que estaba limpiando, y la Reina sentada en una silla leyendo telegramas. Tuvimos dos horas intensísimas en las que hablamos de muchas cosas que se quedarán para mis recuerdos, porque fueron muchos los años de mi relación con Juan Carlos, desde que era príncipe. No sé por qué me llamaron, aún me parece que fue un sueño, que no ha sucedido. A las nueve tocaron en la puerta y dijeron: "La mesa está servida, Majestad". Que es el título del libro.

¿Qué es lo más que más le ha impactado?

El banquete más espectacular que he visto, y creo que no se volverá a repetir jamás, fue en Persépolis, en Irán, por el 2.500 aniversario del imperio persa, con el Shah y Farrah. Fue lo más espectacular que ha habido nunca jamás, estaban todos los jefes de Estado alojados en tiendas de oro, en medio del desierto. Pusieron un puente aéreo directo con París para traer la comida de los banquetes con Maxim. Yo estuve allí invitado, por mi amistad con el Shah y Farrah.

¿Y lo más escandaloso?

La falta de transparencia en temas como cuánto costó la boda de Felipe y Letizia. Una semana antes se casaron Federico de Dinamarca y Mary Donaldson, y a los cuatro días se publicó el coste de ese enlace, incluso los sueldos de los funcionarios que ese día no habían ido a trabajar, que incluyeron como gastos de la boda.

Aquí se han conocido algunas partidas pero no se sabe cuál fue el presupuesto, ni quién lo aprobó, si el Consejo de Ministros, el Parlamento… ¿En qué gasta el Rey los nueve millones de euros que recibe? La Constitución dice que recibirá dinero para su familia y casa, pero ¿en qué lo gasta? ¿Qué dinero recibe el príncipe Felipe? Porque, hay que decirlo, es el único heredero que no tiene presupuesto propio, depende del Rey. ¿Quién paga el fondo de armario de Letizia, que debe ser cuantioso? Pues sale de esos nueve millones.

Cuénteme una anécdota asombrosa.

En la Casa Real hay un caníbal, pero auténtico, con el que yo he comido carne humana. Asistí a la coronación más surrealista que he visto en mi vida: la de Bokassa, en Centroáfrica, un loco perdido que se autocoronó emperador imitando el famoso cuadro de Napoleón. En la cena se sirvió un plato típico de carne, y yo soy muy carnívoro y me dijeron que era fantástico, en salsa, muy tierna. Y a los pocos meses, cuando depusieron a este loco, habían abierto los frigoríficos del palacio real y encontraron el sobrante de la carne de unos escolares asesinados días antes de la coronación, y que utilizaron para el banquete. El que comió este plato conmigo es Alberto Aza, actual Jefe de la Casa del Rey.

Usted que ha tenido de conocer de cerca al Rey y la Reina, ¿qué imagen tiene usted de ellos?

El Rey y la Reina son dos personas radicalmente diferentes, en todo. El Rey es un hombre de cuchara, le encantan los huevos fritos, le viene de familia, porque los Borbones siempre han tenido obsesión por los huevos. Y a la reina se le ha colgado el sambenito de que es vegetariana pero no lo es. Cuando murió su padre se hizo la promesa de no volver a comer carne.

La Reina es una persona muy inteligente y muy política, aunque diga que no. Y a veces es muy cortante, tiene un sentido del humor cáustico. Y fuma cigarritos. El Rey fuma puros, y su sordera viene de la caza, y no me refiero a la de perseguir perdices o conejos, sino a la de los safaris.

¿En qué estatus se encuentra ahora su relación con los Reyes?

Yo te diría que en término medio. Yo siento mucho respeto y mucha admiración por el Rey Juan Carlos, mi carrera profesional corre paralela a la suya. Pero una mujer nos ha separado al Rey y a mí. Yo soy crítico pero nadie puede decirme que me he extralimitado o he insultado. Los periodistas tenemos que ser críticos. Y en este país la prensa es muy cortesana. Yo, en esto me diferencio de los compañeros, en que soy leal.

El cortesano es aquel que escribe sólo lo que le gusta al Rey y a la Reina, o a Felipe o a Letizia, aunque por detrás les critiquen, pero el hombre leal dice aquello que cree que debe decir o ellos deben de conocer. Recientemente Letizia y Felipe se fueron a esquiar a escondidas a Suiza. A mí eso me parece muy negativo y que habría que dar un toque de atención. Porque hay en España estaciones de esquí fantásticas como Baqueira o Granada. Este año, además, que ha nevado como nunca, y estando la situación del país como está… Y además estábamos en Semana Santa... En vez de llevar a las niñas a Suiza podrían haberlas llevado a Granada donde podrían esquiar por la mañana y ver las procesiones por la tarde, independientemente de la religiones, porque allí miles de españoles las siguen.

Soy de los que cree que la Familia Real no tiene vida privada, tiene vida íntima, pero en la Zarzuela no sabía dónde estaban Felipe y Letizia de vacaciones.

O no lo querían decir…

No, no. La prensa de la Casa Real no sabía que estaban en Suiza. Creo que eso hay que criticarlo o comentarlo. Por eso cuando me dicen que yo ataco a la Casa Real, le digo no, yo soy leal, y la lealtad es decir las cosas. Otros no quieren decirlo.

¿No cree que Letizia está mejorando en su papel como futura reina?

No. Hubo un tiempo, cuando se dijo que Letizia estaba anoréxica, que Felipe salió al paso diciendo que no tenía anorexia, que comía muchísimo pero que lo quemaba todo. Detrás de esa expresión creo que, lo que ocurre, es que Letizia vive en permanente tensión, desde que se levanta hasta que se acuesta, por ser la mejor, la más guapa, la más inteligente, la más princesa. A veces parece que la titular es ella y el príncipe es el consorte, cuando lo normal es ser natural. Ella vive obsesionada por su físico, por su altura y sus tacones, que a veces le juega malas pasadas. Si Letizia fumara, lo haría mejor que nadie. Se hizo la cirugía estética…

¿Y qué le pareció eso?

Una frivolidad. Letizia se está convirtiendo en la top model que no es. Y que su modelo sea Rania de Jordania, que es una frívola, además de un país tan pobre, el único país árabe que no tiene petróleo y está lleno de refugiados palestinos, y ella va por el mundo como una top model… Ése no puede ser el modelo de una futura reina consorte de España.

Hay que pedirle que sea natural, que solamente sea la consorte. Como la Reina Sofía ha dicho muchas veces: "Yo soy reina porque estoy casada con un rey".

¿Le duele haberse distanciado con el Rey?

No, tampoco es malo distanciarse del poder. El otro día tuve un debate cara a cara con Anasagasti, que hace unas críticas impropias de un senador, y con un lenguaje… Y me obligó a defender al Rey. Me dio un golpe bajo y me dijo: "Con lo mal que te tratan en la Casa Real parece mentira que los defiendas". Después me llamaron de la Casa Real para darme las gracias de parte del Rey por la defensa que había hecho de él. Eso me agradó.

Yo siempre defenderé al Rey, creo que es mi deber hacerlo –no me gustan los ataques y las palabras soeces- aunque a vece me exceda. Y creo que lo que yo escribo, el Rey en algunos casos lo piensa. Estoy bien en mi papel.

¿De verdad no echa de menos la cercanía de otros tiempos?

Yo nunca diré que soy amigo del Rey, el Rey no debe ser amigo de nadie. Desconfía de aquellos que lo dicen, ésos lo intentan utilizar como un cheque al portador. Yo soy una persona leal, no soy monárquico, soy juancarlista y lo seré hasta mi muerte. Y si una cosa no gusta, pues lo siento.

De todo su recorrido personal y profesional, ¿de qué se siente más satisfecho?

Intento no traicionarme a mí mismo y ser un periodista honesto. Y siempre que me permitan manifestarme, lo haré. El día que me lo impidan, me iré a casa tranquilamente. Mientras tanto, seguiré siendo Jaime Peñafiel, aunque eso me crea algunos problemas.

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