Ewan McGregor
Ewan McGregor.

Recién aterrizado en Berlín, donde presentó la última película de Roman Polanski, El escritor, McGregor trataba de estar simpático, pero los bostezos se le colaban entre respuesta y respuesta. Es menudo pero también atractivo, encantador y educado. Una estrella de Hollywood que no tiene problemas en reconocer que le gusta Nicole Kidman antes de derretirse hablando de su familia.

El escritor es, a simple vista, un thriller. ¿Es también una reflexión sobre política?
Sí, y es algo que ya se reflejaba en la novela. Me parece muy interesante cómo muestra las relaciones entre EE UU y Gran Bretaña antes de la guerra de Irak. Cómo, entre Blair y los americanos, quebrantamos las leyes internacionales para empezar una guerra. Es algo que refleja la cinta: incluso si estás en las altas esferas, debes respetar la ley. Si no lo haces, puedes sentirte muy incómodo.

¿Avergonzará entonces la película, si la ve, a Tony Blair?
No lo creo. Siempre ha parecido muy tranquilo con sus convicciones y decisiones.

Por primera vez usted ha estado a las órdenes de Roman Polanski. ¿Qué pensaba de él?
Su cine me es familiar desde la infancia. Me encantan La semilla del diablo, Macbeth, Chinatown y cintas anteriores y aún más oscuras como Repulsión, Cul-de-sac o El cuchillo en el agua. Pero reconozco que, por ejemplo, no vi Oliver Twist, Piratas o Frenético...

Frenético tiene bastantes afinidades con El escritor...
Eso me han dicho... ¡Me quedan deberes por hacer! La veré en cuanto vuelva a casa. Antes de rodar con un director intento familiarizarme con su obra, pero la de Polanski es muy extensa y no tuve demasiado tiempo.

¿En qué le ha cambiado, como actor, trabajar con él?
Me enseñó que uno puede ser más creíble con menos interpretación. Es más honesto: creo que, en algunas escenas de la película, parece como si no estuviese actuando. Menos es más, se me ve más tranquilo. Me pidió una actuación de baja frecuencia, muy buena para la película.

¿Qué pensó cuando se enteró de la detención del director?
Me entristeció. No sólo es alguien que me gusta como artista, sino también como persona. Conocí a sus hijos y a su mujer, y no me gustó lo que le ocurrió. Pero también me impresionó que terminase la película, quizá otro no habría sido capaz.

¿Afectará su detención a la respuesta del público?
Espero que no, que no se relacionen las dos cosas. La película no habla de la situación de Roman Polanski, sino que todo es una casualidad. Si alguien no quiere verla por lo ocurrido con Polanski, le respeto. Está bien, no quiero convencer a nadie de nada. Pero, por esa regla de tres, no deberían haber visto ninguna de sus diez últimas películas, porque el incidente sucedió hace muchísimo tiempo.

Hablemos de su carrera. Usted ha alternado grandes producciones, como la nueva trilogía de La guerra de las galaxias, con cintas mucho más pequeñas. ¿Por qué?
Siento que las películas independientes son más íntimas. Quizás te den menos dinero, pero te hacen sentir más parte de un mensaje. No estás tan obsesionado con que la gente vaya a verla en masa, sino con que los que lo hagan reciban una verdad y vayan a verla con el corazón. Pero también te digo que el talento, las virtudes de una película, no siempre tienen que ver con el presupuesto. He hecho superproducciones bastante buenas pero, en efecto, hay diferencias. En una película pequeña no puedes emplear tanto tiempo ni dinero en rodar una escena, así que la realización es más cuidadosa. No hay que perder tiempo ni material. La labor del director es más importante y tangible. Más personal.

Casi veinte años actuando. ¿Cuál fue su prioridad a la hora de elegir papeles?
Siempre me ha resultado interesante encarnar a personajes diferentes a los que había hecho antes. Quizás haya historias parecidas, pero siempre he intentado que mis personajes no lo fueran.

¿Se siente plenamente satisfecho con sus papeles?
Creo que uno nunca debe sentirse plenamente satisfecho, sino buscando siempre mejores proyectos. Eso, por supuesto, te hace a veces dudar de tu lugar en la industria, pero es una preocupación más artística y pasajera que real. Seamos francos: a veces dejo de preocuparme por esas cosas, sobre todo cuando pienso en que este trabajo me permite vivir bien y dar de comer a mis hijos.

¿Dónde se sintió más a gusto: en superproducciones o en películas más pequeñas?
Disfruté mucho haciendo Trainspotting o rodando con Greenaway, pero también en La amenaza fantasma. Ni las películas pequeñas tienen que ser siempre buenas ni a la inversa. No hay reglas. Por eso siempre pensé que debía estar en las dos categorías.

¿Fue Moulin Rouge la película clave de su carrera?
Tuvo una importancia muy grande. Trabajar con Baz Luhrmann y todo ese maravilloso reparto fue una experiencia. Los meses preparando el papel, aprendiendo a cantar, a bailar... Fue una experiencia mágica y maravillosa. Y creo que la película es muy bonita, con esa mezcla de tragedia y romance. Me gusta mucho.

Terminó de consagrarle. Y despertó especulaciones sobre su vida privada...
Era ridículo, pero, lo más gracioso, es que algunas de esas especulaciones incluso salieron de gente que trabajaba en el plató. ¿Sabes lo que pasaba? Por supuesto que me gustaba Nicole Kidman. Es una mujer muy bella, y una gran actriz. Y lo que hicimos fue poner toda la carne en el asador para que la historia entre nuestros personajes, que está tan llena de amor, fuese real. Así que el que surgieran todos esos chismes fue un síntoma de que estábamos haciéndolo bien.

¿No le importó, entonces?
Sólo cuando el cuento le llegó a mi familia o mis hijos. Llevo casado quince años, tengo tres niños y me hacen absolutamente feliz. Y, además, tengo la suerte de poder hacer películas románticas con extraordinarias bellezas. Sólo puedo sentirme afortunado.

¿Cómo compatibiliza el trabajo con esa familia?
Ahora mismo es duro. Era más fácil cuando los niños eran más pequeños y podíamos viajar todos juntos. Ahora el mayor tiene catorce años, y es más complicado. Así que les echo mucho de menos y ellos a mí, pero por eso también intento no estar rodando todo el año. Trato de pasar el mayor tiempo posible con ellos, llevarles al colegio y esas cosas. Lo disfruto de verdad.

Lucha contra la extradición

Ewan McGregor, Pierce Brosman y Olivia Williams, los tres protagonistas de El escritor, presentaron la película en la Berlinale, donde Polanski se llevó el Oso de Plata a la mejor dirección. Por supuesto, el director no pudo recoger su premio. Polanski sigue en prisión domiciliaria en su casa de Gstaad, Suiza, donde lucha por no ser extraditado a EE UU. Sus abogados acaban de presentar una nueva apelación para intentar evitar que el director francopolaco sea juzgado en dicho país por los abusos sexuales que, en 1977, cometió con una niña de 13 años.