Jorge Drexler: "'Volando voy' es de las mejores canciones que conozco"

  • El uruguayo acaba de publicar el disco 'Amar la trama'.
  • Escribió uno de los temas para Leonor Watling, su pareja.
  • Asegura que le encantaría cantar con Leonard Cohen.
En músico Jorge Drexler con su cámara Diana.
En músico Jorge Drexler con su cámara Diana.
JORGE PARÍS

Nos recibe en uno de sus "lugares de trabajo", un piso en el barrio madrileño de Chueca que hace las veces de estudio de grabación y casi de pensión improvisada para amigos y músicos. En una esquina, un vinilo de Amar la trama (Warner Music), su último disco. Jorge Drexler se emociona hablando de rimas y estructuras, como si fuera la primera vez que compone.

¿Es Jorge Drexler, como parece, puro lenguaje?

Nunca consideré que el lenguaje fuera el centro de mi trabajo, porque siempre me he visto más como músico; pero lo es cada vez más. En mis primeros discos empleaba el tiempo en intentar encontrar a un letrista que me quitara la responsabilidad de tener que escribir los textos, pensaba que otro lo podría hacer mejor. Era algo que me cansaba mucho y me resultaba difícil. Pero no terminaban de gustarme las canciones y al final acabé haciéndolo yo (risas). Escribo letras para mí y para otras personas, que es para lo que más me llaman.

¿Y qué es lo que más le gusta escribir?

Escribo versos y muchas décimas, que son como mi herramienta de comunicación con el mundo. Cuando quiero decir algo, una manera de meterme dentro del mensaje y de mostrar cariño, por ejemplo en el caso de Chile, es escribiendo unas décimas. Esto lo aprendí de Joaquín Sabina, que responde a todo con un soneto, él fue quien me animó. Así que me tuve que aprender la estructura, que es palindrómica o especular. Y eso se nota en el momento de recitar, tiene una lógica interna.

No se nota que es usted de ciencias…

Me muevo en el mundo de la literatura como un amateur, no tengo ninguna formación sistemática en este sentido. Y en este mundo de tanta información me cuesta encontrar a alguien en mi entorno con el que profundizar sobre estos temas. Yo estudié Medicina, además de música.

La música y la ciencia, algo tienen que ver…

Tienen todo y pueden no tener nada que ver. La música es una vibración sonora, un lenguaje abstracto que tiene cosas en común con la matemática, sobre todo. Pero por otro lado es un modo de vida y es una percepción emocional del entorno; la ciencia es racional y la música es algo que no se explica, que se hace porque se siente. Y eso que en la ciencia las ideas a veces vienen de móviles casuales, como el "eureka".

¿Cree que a la gente le choca la estructura de sus canciones?

Siempre me preguntan por el contenido, pero no por la forma, como si la canción fuera un vehículo que llevara dentro lo importante, el mensaje. Cuando en realidad, el mismo concepto de amar más la trama que el desenlace, amar más el trayecto que el final, si lo aplicas a la relación entre forma y contenido, es eso mismo. La canción es el camino y es el destino final. Y el hecho de que, por ejemplo, la letra exceda a la música en mis temas viene de la lucha entre aceptar y combatir la simetría. Yo soy una persona que tiene una tendencia al equilibrio, desde que era chico, y esa pulsión a veces se vuelve una esclavitud. Pero cuando un día me fui a trabajar con artistas como Caetano Veloso o Jovanotti, se me rompió la estructura que tenía en la cabeza. Me entusiasma el tema…

El disco se grabó en una especie de directo.

Antes se hacía así. En la época de Frank Sinatra se iban al estudio, ponían un micrófono en el centro, dos para la orquesta y a cantar. No perdían el tiempo, se hacía lo que salía, pero había que cantar bien y ser consciente del movimiento de los instrumentos. Todo el mundo trabajaba en la inmediatez, pero ahora nos hemos acostumbrado a repetir, cortar y pegar. Nosotros decidimos invertir el tiempo en ensayar, nueve tipos en una habitación en sincronía sin pensar en los arreglos del futuro, sino en el presente. Y eso que me encanta grabar con computadoras, tengo el mejor equipo que conozco para eso.

Y se llevaban a gente para que les viera…

Había veinte personas todas las noches en el estudio, testigos que nos devolvían la atención. Después de un tiempo, los músicos nos acostumbramos entre nosotros y dejamos de tener un interlocutor. Es como el deseo, que necesita una estrategia de movimiento. Los músicos somos muy narcisistas, basta que pongas a un par de personas delante y nos concentramos en tocar enseguida…

¿Se acuerda cuando llegó a España y nadie le conocía?

Me acuerdo claramente. De hecho, saqué cuatro discos que, para la época que era en la que todo el mundo vendía mucho, no funcionaron, no los compraba nadie. La gente no entendía no entendía muy bien qué es lo que yo quería hacer, no entendían por qué no abrazaba definitivamente el decálogo del cantautor, por qué tocaba con otros, etc. Recuerdo esos años con mucho cariño, aunque fueron años de mucha soledad. Me preguntaban: "¿Por qué otro músico con guitarra?, pero si ya está Pedro Guerra". La de cantautor es una palabra que sigue sin gustarme hoy día.

¿Por las connotaciones?

Por ese diptongo que tiene. Es una construcción muy fea, es como otorrinolaringólogo. Es poner en una palabra más cosas de las que entran. Me gusta mucho más cancionista.

Le ha dedicado temas a Víctor Manuel y Ana Belén y a Kiko Veneno, entre otros.

Víctor Manuel y Ana Belén me encargaron esa canción hace tiempo para un espectáculo que se llamaba Una canción me trajo hasta aquí, por eso es como de otra época. Ellos me ayudaron mucho cuando una canción me trajo hasta España, y les estaré siempre agradecido, han sido gente muy legal conmigo. Y la de Kiko Veneno siempre la vi como de él. Es mi compositor favorito en España, y creo que tiene algunas llaves que integran la cultura popular regional con las cosas que vibran en el mundo, con la visión más cosmopolita y una concreción poética que no veo desde Lorca. Esto se aprecia también en Almodóvar. Volando voy es de las mejores canciones que conozco.

Su hijo tiene todas las papeletas para ser músico, ¿le dejaría?

Yo me crié en una casa en la que estudié la profesión que mis dos padres y he tenido ya mi dosis de homogeneidad familiar, conozco los entresijos de todo eso. Que haga lo que quiera, no tengo ninguna expectativa sobre lo que quieran hacer de su vida mis hijos. De cualquier manera, creo que la música es como la habilidad futbolística, si la tienes desde niño es bonito desarrollarlo.

¿Va mucho a su tierra?

Sí, tres veces al año por lo menos. Tengo un vínculo muy sólido con mi país, tanto con mis amigos como con mi familia y con el público. Antes sólo tocaba allí y en España, pero desde hace unos años he empezado a viajar más, y el último disco lo presenté ya en 16 países. Y estoy cada vez más arraigado en Madrid, llevo 15 años aquí, la ciudad me ha tratado maravillosamente y me ha dado dos hijos increíbles.

¿Y qué tal se le dan las giras por Europa?

En realidad no importa el idioma, porque aquí mismo tampoco tiene nada que ver tocar en Irán con tocar en Córdoba o Cádiz. Son paisajes, actitudes muy diferentes. Cuando voy fuera, por ejemplo a EE UU, me pasa mucho que el público es angloparlante pero hispanófilo, tienen un respeto enorme a nuestra cultura, casi más que nosotros.

¿Le ven allí de otra manera desde que ganó el Oscar?

Es realmente muy importante, es como tener un título nobiliario. Te lo dan y a partir de ese momento eres academy award winner para siempre. En una sociedad como la de EE UU es casi como llevarlo tatuado, es muy fuerte. Y lo curioso es que es a todos los niveles; desde el mainstream hasta el director de vídeos underground de Nueva York: si van a tu casa te piden una foto con el Oscar. Hasta el de las aduanas en el aeropuerto…

Leonor Watling, su pareja, ha colaborado en el disco, ¿qué tal la experiencia?

Es muy fácil trabajar con ella, es muy generosa. Tiene una expresividad en la voz increíble. En la canción Toque de queda, que fue escrita expresamente para ella, se aprovechan todos sus registros. Me encanta su voz.

Es fan de Leonard Cohen, ¿se imagina cantar algún día con él?

Me desplazaría donde él quisiera… Pero también cantaría con Elvis Costello, al que también admiro.

BIO. Nació en Montevideo (Uruguay) en 1964. Estudió la carrera de Medicina y después Música. En 1992 publicó su primer disco, La luz que sabe robar. En total, hasta hoy, tiene editados una docena de álbumes. En 2005 ganó un Oscar por la canción Al Otro lado del río. En 2009 fue padre de un niño, llamado Luca, con la actriz Leonor Watling, su actual pareja.

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