«Vendo pergaminos por capricho»
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Lúcido y de frenético meneo, Luis Ramón Belda Iranzo (Abanilla, Murcia, 1961) recopila libros arcaicos, aunque «vivir de esto es muy difícil. Exige fondos, dinero y una buena clientela». No obstante, ya trajina una década en el negocio de los tomos y pergaminos y hoy sólo vende «por capricho. Justo para comer todos los días».

Heredero de un linaje hostelero que mantuvo establecimientos en las calles San Andrés, García Morato y Rambla, 26 (pensión Iranzo, sobre el actual café Havana), no continuó con el oficio familiar: «Desgraciadamente, todo el patrimonio se perdió».

Con sólo 33 días cotizados a la Seguridad Social en toda su vida laboral, «por rehabilitar un chalé», la obra más cara que tuvo en sus manos fue un incunable en alemán de finales del siglo xv, «sobre enfermedades raras, con hombres de dos cabezas». También, la Crónica, de Fernando III el Santo, edición del siglo xvi, y El Quijote del xviii o de la Academia, que corrió con los gastos de impresión.

Y uno de los más curiosos tesoros documentales que ha pasado por sus manos fue un contrato matrimonial de finales del xiii «que resolvió un conflicto entre dos condes catalanes».

Un documento «de 90 líneas que durante siglos se escondió tras un espejo en Murcia. Lo vendí por 250.000 pesetas. Me pilló en época baja. Tenía que habérselo ofrecido al Archivo de Aragón».

Feroz coleccionista de tarjetas alicantinas e «ilustradas, románticas, de Turquía, Chipre o Inglaterra», ahora ordena «un álbum con 500 postales europeas, otro de provincias, un tercero de aristócratas y un cuarto de ermitas e iglesias de toda España».