Hay un problema: las familias no están dispuestas a marcharse porque no quieren separarse. Dicen, según cuenta el Consistorio, que la separación supondría acabar con su medio de subsistencia, ya que cuando unos salen del asentamiento para tratar de buscarse la vida, otros se quedan al cuidado de los más pequeños. El hecho es que el Ayuntamiento no puede realojarlos juntos porque eso provocaría alarma y rechazo social en la zona donde se instalasen.