Arsenio Escolar.Tú y yo, amigo lector, somos unos privilegiados. Estamos asistiendo a uno de los procesos de cambio más relevantes que se han producido en toda la historia de la humanidad. No, no estamos asistiendo: somos los protagonistas. Quizá nunca se han transformado tantas cosas en tan poco tiempo. La revolución tecnológica que comenzó a finales del siglo pasado está alumbrando un mundo nuevo –en la economía, en la política, en la sociedad...– que va a cambiar radicalmente nuestras vidas. Nuestro trabajo y nuestro ocio. Nuestras casas y nuestras ciudades. El uso de nuestro tiempo, nuestra vida cotidiana, nuestras relaciones personales. Todo es nuevo, todo va a ser cada vez más nuevo. Pero no hemos de afrontarlo con miedo. No tenemos un problema, tenemos una oportunidad.

A esta revolución humana en la que estamos inmersos, dedicamos este número extraordinario de 20 minutos con el que celebramos nuestro décimo aniversario. El mundo de hoy es ya bastante diferente al de febrero del año 2000, cuando por primera vez salía a la calle este diario. La familia, la seguridad, la inmigración, la cultura, la ecología, la tecnología... ¡Ha cambiado todo tanto! ¡Y el periodismo, y la comunicación!

La eclosión de la prensa gratuita ha sido uno de los fenómenos más relevantes que han ocurrido en el mundo de la comunicación y del periodismo en los últimos años. Los diarios gratuitos, una pequeña muesca en ese proceso de cambios del que arriba hablábamos, son un gran invento. Son buenos para todos: para los lectores, para los anunciantes, para la profesión periodística, incluso para la economía, para la democracia y para el sistema de libertades. Hasta para los diarios de pago, aunque algunos de ellos aún no lo vean y a otros les cueste admitirlo.

Nuestro diario informa, entretiene, da servicios y crea comunidad de lectores"Nadie da un duro por nosotros", decía uno de los lemas de la campaña de lanzamiento de nuestro diario, hace ahora diez años. No, no lo daban. No lo dabais los lectores, que de repente os encontrasteis con que os regalábamos cada mañana un diario, y no lo daba casi nadie en el mundo de la comunicación. Muchos periodistas me dieron calabazas cuando les propuse venirse a trabajar aquí. Otros nos auguraron unos meses de vida. "Hasta las próximas elecciones", recuerdo que dijo un colega, creyendo que salíamos para apoyar a algunos de los partidos que iban a concurrir en las elecciones generales previstas para el 3 de marzo de 2000. Muchos lectores creían que nuestra gratuidad era sólo marketing y que comenzaríamos a cobrar por el diario en pocas semanas. Pero no. Bajo nuestra primera cabecera (Madrid y m@s, la cambiamos a 20 minutos año y medio después) ya iba, como hoy, esta frase: "El primer diario que no se vende". Dejábamos claro que éramos free ("gratis" y "libre", en inglés), que no cobraríamos al lector y que éramos independientes, no vinculados a ninguna operación política.

Los primeros meses fueron durísimos. Los anunciantes llegaban con cuentagotas, los diarios de pago presionaban a los poderes públicos para que no nos dejaran repartir en la calle, los recursos económicos de los que disponíamos eran escasos... Nos salvasteis los lectores, que pronto llegabais en masa. Creo que no sólo veníais a nosotros porque éramos gratis, sino también porque éramos libres e independientes y porque hablábamos en nuestras páginas de lo que le interesa a la gente corriente de la calle y en su mismo lenguaje. Nos pagabais con vuestra atención, con vuestra complicidad, y eso tuvo un inmediato efecto llamada en los anunciantes.

A finales de 2006 ya éramos el diario más leído de España. En 2007, con 15 ediciones en otras tantas grandes áreas urbanas españolas, marcamos el récord histórico de la prensa en España: 2.911.000 lectores de media al día, hoy aún imbatido. De 2004 a 2007, la empresa ganó bastante dinero, pero los accionistas no se lo llevaron, lo reinvirtieron en lanzar 20minutos.es, que hoy es el tercer medio on line con más lectores de España, y la revista gratuita Calle 20, líder de los mensuales de cultura y tendencias.

La prensa y las publicaciones gratuitas son, en definitiva, un bien público

Estamos orgullosos de todo eso. Pero quizá lo estamos más de otras cosas menos materiales: hemos tratado de recuperar el periodismo ciudadano, de servicio al lector. Somos prensa de proximidad, prensa que informa, entretiene, da servicios y crea comunidad de lectores. Y creemos que le prestamos un relevante servicio a la sociedad en su conjunto. En septiembre de 2008 se celebró en Madrid, impulsado entre otros por nosotros, un Congreso Mundial de Prensa Gratuita. Participaron 350 personas de 26 países. El Congreso aprobó el Manifiesto de Madrid, un documento en el que los gratuitos sacábamos pecho. Proclamábamos que la prensa gratuita fomenta la lectura y permite un mejor y mayor acceso de los ciudadanos a la información, a la cultura, a la participación social y a los hábitos democráticos. Que creamos tejido cívico y fomentamos la cohesión en las comunidades de lectores a las que nos dirigimos. Que reforzamos el derecho a la libertad de expresión y del resto de libertades públicas en las sociedades democráticas... "La prensa y las publicaciones gratuitas son, en definitiva, un bien público", concluía el Manifiesto.

Nos sentíamos y nos sentimos plenamente identificados en esa proclama. Queremos seguir siendo eso de mayores, de más mayores. Queremos decir eso mismo dentro de 10 años, cuando en febrero de 2020 celebremos los 20 años de 20 minutos. Y os prometemos, mientras tanto, que seguiremos innovando, que estaremos atentos a ese proceso de cambios, a esa revolución en la que se halla inmersa la humanidad. Para contárosla y para que nos la contéis. Para que la protagonicemos juntos.