Después de explicarle que tal aporte estaba destinado sólo al consumo humano y al riego, y no a las urbanizaciones que se proyectan, con visibles aspavientos arguyó: Me da igual. En las dos Murcias que han nacido en el nido de la falta de agua por un lado y el miedo a la sobreexplotación y la recalificación por otro, está surgiendo, de esta última, una nueva estirpe ideológica que prefiere vernos a todos muertos de sed antes que dar una sola gota a los especuladores; una rama de murcianos anti-Murcia que, ante el eslogan Agua para todos, blanden el de Agua para nadie. Habría que tranquilizar a algunos de los del Segura que ya no saben qué pensar.