Julianne Moore
La actriz Julianne Moore, durante una rueda de prensa en la Berlinale. Tim Brakemeier / Efe

Otro día de películas de autoría casi desconocida en una jornada en la que, al menos, Berlín volvió a saber (durante no mucho rato, eso sí), lo que es el sol. La prensa se despertó, por decirlo de algún modo, con Shahada, producción alemana de Burhan Qurbani. Qurbani, que debuta con este largometraje, es hijo de afganos, y su cinta refleja las condiciones de vida de una serie de personajes musulmanes en la Alemania actual. Todo resulta bastante sórdido (chica que aborta, policía infiel y traumado, nigeriano con problemas de fe por culpa de su homosexualidad), pretencioso y, sobre todo, profundamente aburrido.

La familia y uno más
A las doce de la mañana llegaba el presunto plato fuerte del día, la estadounidense The kids are all right, dirigida por la autora de La calle de las tentaciones, Lisa Cholodenko. En esta ocasión, Chodolenko enfoca su cámara hacia una pareja de lesbianas, interpretadas por Annette Bening y Julianne Moore, bastante bien situadas económicamente y con dos preciosos hijos. El problema llega cuando la chica mayor decide conocer al hombre que donó su semen para crearla (Mark Ruffalo), ya que pese a sus presuntas buenas intenciones el recién llegado no tardará en casi destruir la familia.

Bajo la presunta apariencia de película independiente, se esconde un manifiesto rancio y moralista The kids are all right responde a algunas de las peores constantes del último cine de Hollywood. Esto es: bajo la presunta apariencia de película independiente (estética algo descuidada, consumo eventual de estupefacientes, alguna que otra escena de cierta torridez) y moderna (la absoluta normalidad de una pareja de mujeres que se aman y, por extensión, crean una familia a la que también adoran) se esconde un manifiesto rancio, moralista y conservador, que aboga por que todo aquel individuo que, a una cierta edad, no tenga una pareja estable y familia es un peligro público. También queda claro que no se puede ser donante de semen y buena persona. Y, desde luego, que es mejor no arriesgarse a buscar en la raíz de uno mismo, sino siempre tratar de conformarse con lo que uno tiene y dejar las cosas como siempre han sido.

De la película, que tiene alguna que otra escena realmente ridícula, cabe destacar, eso sí, el impresionante trabajo de la excepcional Annette Bening, que se salva de la quema con una actuación que casi siempre logra sobrevolar la gratuidad del guión.

La última película del día fue la rusa How I Ended This Summer, de Alexei Popogrebsky. Fue lo mejor de la jornada en la sección oficial: dos hombres viven en una perdida estación meteorológica en el Ártico y empiezan a perder el norte. Frío y radiactividad les convierten en pésimos compañeros de viaje y el asunto, como cabe esperar, no puede más que terminar fatal. Interesante y, atendiendo al frío que se sigue viviendo en Berlín, muy apropiada.