Crisis humanitaria, éxodo y guerra: lo que ocurre en Somalia además de la piratería

  • Este país africano lleva desde 1991 sin gobierno y en guerra civil.
  • La ONU lo describe como una de las "mayores crisis humanitarias" y una de las más desatendidas, según Médicos sin Fronteras.
  • Somalia es conocida en el resto del mundo por su activa piratería: hay entre 1.000 y 1.500 bandidos del mar en sus costas.
Un grupo de milicianos islámicos somalíes, en una foto de archivo.
Un grupo de milicianos islámicos somalíes, en una foto de archivo.
Abukar Albadri / EFE

Somalia es un país que copa las portadas de los medios internacionales cuando sus piratas secuestran un barco occidental. Una vez terminado el secuestro de turno, su presencia mediática desaparece. Y es extraño que no despierte más interés cuando estamos hablando de un país envuelto en un conflicto que sólo en enero de 2010 provocó 258 civiles muertos y unos 80.000 desplazados.

Este país encabeza, por méritos propios, el Índice de estados fallidos 2009, realizado por The Fund for Peace y Foreign Policy, que conjuga datos políticos, sociales y económicos. Supera a Irak, Afganistán o a Haití. "No sólo es un estado fracasado, es una sociedad fracasada", sentencia Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor del departamento de estudios árabes islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid y autor del libro Somalia, clanes, islam y terrorismo internacional.

Un país sin Gobierno

Somalia no tiene un gobierno efectivo desde que, en 1991, un golpe de Estado derrocara al dictador Mohamed Siyad Barré. Desde entonces, el poder se ha repartido, casi siempre de forma violenta, entre los distintos clanes en los que se dividen los somalíes, los señores de la guerra (jefes de milicias que controlan parte del territorio y su población; se basan en el clientelismo y necesitan del conflicto para mantener su poder) o distintas milicias. Esta situación ha convertido al país en un lugar sin instituciones y en los pocos simulacros de organización que existen, campa la corrupción.

Desde 2004 hay un Gobierno Federal Transitorio (GFT) que no ha sido elegido democráticamente, pero que coaliga a diferentes grupos. Sin embargo, se ha mostrado incapaz (pese a contar con cierto reconocimiento internacional y el apoyo de Etiopía y EE UU) de hacerse con el control del país.

Según relata el fotoperiodista José Cendón- secuestrado en Puntalandia en 2008- en su libro Billete de ida, esta autoridad únicamente "controla unas calles", con la ayuda de tropas extranjeras de la Unión Africana, y se esconde para no ser víctima de atentados como el que acabó con tres ministros del gabinete el pasado diciembre.

Territorios independientes y guerra

Somalia tiene dos territorios más o menos independientes. El primero es Somalilandia (al norte del país), que se autoindependizó en 1991 y funciona como un país distinto, aunque no tiene reconocimiento internacional. En la zona centro-norte se encuentra Puntlandia, una región que funciona de manera autonóma dentro de su pertenencia a Somalia. Sorprendentemente, estas dos zonas son las más "tranquilas", comparadas con el resto del país (pese a producirse disturbios y actos violentos y que en Puntlandia se focaliza la piratería).

El resto del país es una tierra de nadie por la que pelean distintas facciones: "Luchan por el control del territorio y para asegurar su propia supervivencia y de la gente que depende de ellos", explica Gutiérrez de Terán. Los principales combates son entre el Gobierno y las milicias islámicas. Desde 2007, se calcula que han muerto entre 20.000 y 25.000 personas por los combates.

"Lo que te llama la atención en Somalia es comprobar la capacidad destructiva del hombre", recuerda Alfonso Verdú, responsable de los programas en Somalia de Médicos Sin Fronteras (MSF), que trabajó allí en 2007, "si ves vídeos de la capital del país, Mogadiscio, de los años 60 (o incluso de los 80), ves una ciudad como Niza, con edificios italianos y árabes, blancos, con turistas italianos; hoy, lo mínimo que te encuentras es un boquete en cada edificio".

La amenza islámica

EE UU y su "guerra contra el terror" han situado a Somalia en el ámbito de los países que acogen a terroristas islamistas. Esta opinión se vió fortalecida cuando los conocidos como la Unión de Tribunales Islámicos se hicieron con el control del país (durante el año 2006). Fue un momento peculiar: a pesar de la imposición radical de la ley islámica (Sharia) fue un período realmente estable y donde, como ejemplo, las actividades de los piratas disminuyeron. En aquel momento, no hubo pruebas efectivas de que los islamistas somalíes estuvieran relacionadas con redes terroristas como Al Qaeda.

Etiopía intervino militarmente (diciembre de 2006, tuvo que retirarse dos años después) y acabó con la hegemonía de los islamistas. Estos grupos se dividieron: algunos han entrado al GFT (como su actual presidente Sheik Sharif) y otros se han agrupado en torno a grupos como Al Shabab (La juventud, en árabe), acérrimos enemigos del Gobierno y que sí que han admitido, si no sus conexiones, algunas simpatías con Al Qaeda y Bin Laden.

Una crisis humanitaria olvidada

Según la ONU, Somalia es una de las "mayores crisis humanitarias del mundo"  y de las más olvidadas: la semana pasada Médicos Sin Fronteras la incluyó en su 'top ten' de las crisis más desatendidas en 2009.

Aunque no hay datos de población reales (la guerra y los desplazados lo impiden), se calcula que de unos 8 o 9 millones de habitantes, 3,6 millones están en riesgo de malnutrición.

Los problemas sanitarios son igualmente graves, sobre todo en asuntos materno-infantiles, donde ostenta los peores datos a escala mundial. Una de cada diez mujeres morirá en cualquiera de los siete partos de media que tendrá. Uno de cada cinco niños no llegará a cumplir cinco años. Y todo ello, en un país sin apenas estructura médica: hay cuatro médicos por cada 100.000 habitantes (España tenía 459,55 en 2007).

El éxodo somalí

Los refugiados somalíes han conformado un auténtico éxodo. Se calcula que hay 600.000 somalíes con el estatus de refugiado en los países de alrededor (Kenia, Etiopía, Yemen, Yibuti, etc. y hay miles repartidos por todo el mundo). En los campos de Dabaab (Kenia) hay unos 300.000, el equivalente, aproximado, a la población de la ciudad de Alicante.

Y no sólo fuera. Hay 1.300.000 desplazados internos, de ellos, medio millón están hacinadas en el corredor de Afgooye (que nace de Mogadiscio hacia Kenia). "Es de lo más precario que puede haber en el mundo", describe Alfonso Verdú de MSF.

En un país como España, que ha vivido la inmigración en patera y cayuco, resulta fácil comprender otra dramática forma de huida. En 2009, unas 50.000 personas (entre somalíes y keniatas) se lanzaron a cruzar el golfo de Adén para emigrar a Yemen. "Es un viaje en patera de entre 3 y 7 días", explica Verdú, "es un auténtico drama: viajan más de cien personas en barcos con capacidad para apenas cuarenta, se han constatado casos de violencia extrema como arrojar bebés por la borda".

Unas costas sin ley

Sin duda, la piratería es el asunto estrella para todo el mundo, pero que no preocupa en exceso a los somalíes, ya que queda al margen de sus necesidades básicas. Muchos expertos diferencian entre dos tipos de piratas: antiguos pescadores que "cobran" un peaje a los pesqueros y las grandes bandas, auténticos "piratas internacionales", que secuestran navios apoyados por señores de la guerra o ciertas autoridades de Puntlandia. En total, unos 1.000 o 1.500 bucaneros modernos.

"La verdadera piratería es la de las grandes flotas europeas y japonesas que esquilman esas costas, aprovechando la ausencia de autoridades estatales", asegura Ignacio Gutiérrez Terán.  Y no sólo los pesqueros visitan los más de 3.300 kilómetros de costa, también las empresas que aprovechan el descontrol para arrojar allí residuos tóxicos, e incluso nucleares.

Organismos internacionales cifran en 94 millones de dólares los beneficios (datos de 2005) de la pesca ilegal en Somalia.  Según la misión de la UE en la zona, la operación Atalanta, la cuantía de los rescates pagados en 2008 por parte de los países de la UE, oscilaría entre los 60 y 80 millones de dólares.

Una respuesta limitada

Los secuestros de pesqueros (entre ellos dos españoles, el Playa de Bakio y el Alakrana) de mercantes o de incluso yates privados ha despertado tal preocupación por lo que ocurre en las aguas somalíes y limítrofes que hay misiones con barcos de combate de la UE, la OTAN, Rusia y China en la zona. Su eficacia es limitada, según recordó el vicealmirante Peter Hudson, responsable de la operación Atalanta: la piratería "no se va a solucionar corriendo con barcos muy caros por el océano Índico, sino con la mejora de la situación en tierra".

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