Cola del paro
Una cola del paro frente a una oficina de empleo. Archivo

<p>David Rojo</p>Todo comenzó en los años setenta. Aquélla era la primera sociedad española asentada en el consumo. Prevalecía el optimismo expectante que desde mediada la década generaba la muerte del dictador. Entonces se produjo un espectacular baby boom, que en términos generacionales se prolongó hasta inicios de los ochenta pese a que la natalidad ya era más baja. Un dato: los nacidos en 1976 conforman la quinta más numerosa de la sociedad española actual. Es fácil saber quiénes forman este grupo porque la publicidad, siempre tan observadora, los retrata todos los días: treintañeros que se asustan cuando se descubren diciendo “ni consola ni consolo” o que llevan 20 años conduciendo las diferentes versiones del mismo modelo de utilitario.

255.800 euros costaba de media un piso en el año 2009, 8 veces más que los 32.600 de 1985 Crecieron entre la transición y el felipismo. No pasaron hambre ni grandes apuros, pero eran tantos que obligaron a la construcción masiva de colegios, donde se ocupaban las aulas con 35 alumnos. Crisis y reconversiones industriales no impidieron que también saturaran las universidades.

A las generaciones más preparadas de la historia de España se las llamó generación X (los nacidos en los setenta) e Y (los de los ochenta). Los mileuristas se rebautizaron ellos mismos demostrando que además tienen ingenio y están desencantados. "Ya cansa", decía Carolina Alguacil, que hace cuatro años y medio acuñó ese exitoso término en una carta a un periódico.

Hijos de su tiempo

Tras su paso por la universidad empieza su maldición. Alternancia entre empleo, paro y formación; malos salarios de forma permanente; eligiendo entre el piso compartido o una hipoteca a 40 años porque, según se les dijo, la vivienda valía lo que costaba. A finales del año pasado los medios de comunicación se hicieron eco de un dato: 562.000 jóvenes entre 20 y 29 años ni estudian ni trabajan. Pero no hay que dejarse engañar: no es la generación ni ni, que de forma tan apocalíptica presenta la televisión. Si se escarbaba un poco en el dato, resulta que es un grupo amplio pero cambiante, del que se entraba y salía en función de los contratos temporales que se tienen, de la fecha de comienzo del próximo curso, seminario o máster o de las siguientes prácticas sin remunerar. Andrés Canteras Murillo, sociólogo experto en temas juveniles y profesor en la Universidad Complutense, explicaba que, en realidad, son hijos de su tiempo, que sufren la precariedad laboral y la falta de expectativas.

Una década sin cambios

21.300 euros era el salario medio en España en 2009, poco más del doble que los 9.800 de 1985 Otro experto en la materia, el investigador del Centre d’Estudis Demografics Pau Miret, reconoce la importancia de los factores socioeconómicos, pero cree que, además, hay un componente cultural. "La prolongación de la juventud hasta los 30 o 35 años es un problema. Tenemos la formación de pareja y la emancipación más tardías del mundo y, por tanto, una de las tasas de fecundidad más bajas. Además, en el mercado laboral existe muy poca movilidad: parece un drama que alguien tenga que irse a buscar un trabajo a 50 kilómetros de su casa". Miret sitúa los orígenes de este problema en las políticas de los años ochenta, cuando la Ley Boyer priorizó la propiedad sobre el alquiler para tratar de revitalizar el sector de la construcción.

Vaya si lo consiguió: los salarios medios han pasado desde los 9.800 euros anuales en 1985 a los 21.300 en 2009, mientras que las viviendas se han encarecido desde los 32.600 euros a los 255.800, según los datos del Banco de España, el INE y Sociedad de Tasación S. A. Es decir, que los sueldos se han duplicado mientras que el precio de los pisos se multiplicaba casi por 8.

El cambio ya se está produciendo. La formación profesional gana terreno a la universitaria. Pero los problemas siguen ahí. "Desde esa ley se instaló la cultura de la compra de vivienda. Todo el mundo cuando se emancipa quiere comprar", explica Miret. Este experto además critica el error que supone haber desaprovechado los 10 años mágicos de la economía española, de 1997 a 2007, cuando el ritmo de crecimiento ha sido alto y sostenido y se podrían haber logrado cambios: haber potenciado la movilidad, haber logrado anticipar el abandono del nido y haberse aprovechado un potencial humano que actualmente no rinde todo lo que podría.

Ahora es tarde. Con una tasa de paro general cercana al 20%; al 34% para los que tienen entre 20 y 24 años, y al 42% para los que están entre los 16 y los 19. Son la siguiente generación y su entrada al mercado laboral va a estar profundamente marcada por la actual crisis. El cambio ya se está produciendo. La formación profesional gana terreno a la universitaria. Pero los problemas siguen ahí. La maldición aún no ha sido conjurada.