Piden ayuda para tratar la ceguera de su hija

  • La niña, de 6 años, padece una dolencia genética muy rara.
  • Sus padres saben que hay un hospital que podría hacer que viera.
Raquel y su hija Lucía, este lunes en Villalbilla (Madrid).
Raquel y su hija Lucía, este lunes en Villalbilla (Madrid).
JORGE PARÍS

El diez de enero de 2004 llegó al mundo Lucía Gil Álvaro. La pequeña, vecina de Villalbilla (un pueblo del este de Madrid), nació completamente invidente a causa de una extraña enfermedad genética que sólo afecta a una de cada 35.000 personas, aunque su familia tardó un poco más en darse cuenta.

Fue a los dos meses, explicaron sus padres a 20 minutos cuando, comparándola con su hermano mellizo, se dieron cuenta de que algo no marchaba bien. "Entrábamos en el cuarto de los pequeños y Aarón enseguida se ponía contento, se movía, te tiraba los brazos, pero Lucía no hacía nada. Hasta que no empezábamos a hablar no respondía con gestos o moviéndose", recuerdan.

Después de muchas visitas a especialistas, uno de los médicos que trató a la pequeña le diagnosticó unas cataratas grandísimas. "Con seis meses le pusimos gafas aunque no sirvió para nada", recuerdan sus padres. "Llegó un momento que yo me cansé de esperar y fuimos a otro oftalmólogo, que nos habló de la amaurosis congénita de Leber (enfermedad ocular genética rara. Los niños afectados tienen por lo general una ceguera desde su nacimiento), contó a este diario David Gil Hierro, el padre de la pequeña.

Comienza una dura lucha

Lucía tenía sólo 14 meses. Fue entonces cuando sus padres conocieron que lo que le pasaba a su hija era fruto de una malformación genética de carácter hereditario y les dijeron que no tenía cura. "Nos dio un vuelco al corazón sólo de pensar que era ciega por culpa de los genes de algunos de nosotros. En este momento es donde empieza, sin duda, la fase más dura de mi vida", recuerda.

David y Raquel, lejos de tirar la toalla, comenzaron un duro peregrinaje de hospitales y clínicas en busca de una solución para su pequeña, que terminó con todos los ahorros familiares. En unas le decían que a su hija no le pasaba nada, que mejoraría con el tiempo, y en otras, que no tenía solución. "No se me olvidará en la vida; en una de las pruebas le pusieron cables por toda la cabeza. Una vez finalizadas, sin tan siquiera pestañear, el doctor me dijo que mi hija era ciega y que no me gastara más dinero. Se levantó y se fue sin mediar palabra", cuentan.

Vuelve la esperanza

Hace un año, la familia de Lucía, cuando empezaba a pensar que no había nada más que hacer, recuperó la esperanza. Llegó a los oídos de esta pareja que un hospital de Filadelfia (Estados Unidos) trata la enfermedad que padece su hija.

"El problema surgió porque hay muchos tipos de mutaciones de amaurosis congénita de Leber y esta clínica sólo cura unas cuantas, por lo que lo primero era ver si trataban la de mi hija. Además, al ser una clínica privada, todo el proceso es muy caro, a lo que hay que sumar los viajes y las estancias", explica.

Recuerda que pusieron la casa y el supermercado en el que trabajan los dos en venta, pero nadie se interesaba. Fue entonces cuando David decidió pedir ayuda. Empezaron sorteando una motocicleta, vendiendo papeletas en el súper. Recibieron donaciones de los ayuntamientos de Villalbilla y Meco, de sus vecinos, de comercios...

Gracias al esfuerzo de amigos, familiares y vecinos, Lucía pudo viajar a Filadelfia y las pruebas fueron positivas. Su dolencia podía ser tratada.

Ahora esperan la llamada de la clínica estadounidense, que podría llegar mañana o dentro de cuatro meses, para regresar a Filadelfia. Esta vez será ya para operarla. Un milagro del que sólo separan a Lucía unos 60.000 euros. Por ello, su padre vuelve a salir a la calle para pedir ayuda para su niña.

Cuentan su historia en la Red

Hace un año, David Gil Hierro, el padre de Lucía, creó una página web: www.luciagilalvaro.es para que la gente pudiera donar dinero para ayudar a su pequeña. Además, los ayuntamientos de Meco y Villalbilla han organizado varios eventos solidarios para recaudar dinero para la pequeña. "En total hemos conseguido algo más de 35.000 euros. Gastamos 20.000 en el primer viaje a Filadelfia y nos quedan 15.029 euros en la cuenta", cuenta David.

Este padre de 33 años vuelve a pedir ayuda porque necesita unos 50.000 euros para operar a su hija. Asegura que "si al terminar el tratamiento queda algo de dinero lo donará íntegramente a las asociaciones que le ayudaron".

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