Escapar de la prostitución
Arancha, una de las mujeres que lograron escapar de las redes de prostitución. JORGE PARÍS

Hace unas semanas denunció a la Policía que llevaba dos años obligada a ejercer la prostitución en un bloque de viviendas de una gran ciudad de Andalucía. Cansada de tener que vender su cuerpo hasta 40 veces en un día, o prestarse "a cualquier tipo de práctica por 10, 20 o 30 euros", decidió aprovechar un descuido de sus captores y escapar, según relató a este diario con la mirada clavada en el suelo.

Cuando llega el momento del juicio muchas se echan atrás por miedo a ser localizadas

Desde entonces vive en una casa de acogida de Madrid junto a otras mujeres que han pasado por el mismo calvario. Allí aprenden el idioma y son formadas para poder empezar una vida nueva. "Ella, además, es considerada testigo protegido porque va a denunciar a sus captores", explicó a 20minutos.es Rocío Mora, responsable de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (Apramp).

Como esta valiente mujer, unas 200 ex meretrices extranjeras se han acogido al plan especial que el Gobierno puso en marcha hace un año contra la trata de mujeres, según fuentes de Extranjería.

La lista sería mucho mayor si no hubiera que ir a juicio: "Cuando llega este momento muchas se echan atrás por miedo a ser localizadas", contaron las mismas fuentes. El plan del Gobierno contempla que las mujeres que denuncien conseguirán la residencia.

¿Cómo empezó todo?

Sólo tenía 18 años cuando llegó a España casi con lo puesto y una dirección escrita en un papel para buscar un trabajo como asistenta de hogar. Una vez allí todo sucedió muy rápido: "Me hicieron pasar a una habitación y allí me violaron en varias ocasiones. Después me dijeron que si no obedecía sería peor, me dieron un traje corto y me pusieron a trabajar. Conocían a mi familia, no podía hacer nada", explica.

Me hicieron pasar a una habitación y allí me violaron. Me dieron un traje corto y me pusieron a trabajar

Mientras contaba su historia, otras cuatro mujeres que la acompañaban asentían. "Todo comienza por un engaño", cuenta entre lágrimas una de ellas.

Esta mujer dejó el trabajo que tenía de asistenta por un enfado con su jefe y buscando otro cayó en una casa de prostitución: "Pensé que iba a cuidar a una anciana y cuando me di cuenta de que era un burdel intenté escapar,  pero me lo impidieron".

Las otras tres chicas también fueron engañadas. Dos de ellas fueron convencidas en Rumanía para venir a trabajar como camareras. Una vez aquí se dieron cuenta de que tendrían que prostituirse y vender drogas para saldar la deuda contraída por los costes del viaje y el papeleo. Otra sólo quiso contar que tenía que drogarse todos los días para poder soportar su nueva vida.

1.480 mujeres liberadas

Un total de 1.480 mujeres han conseguido dejar la prostitución gracias a la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida.

Desde el organismo alertaron a este diario de que regularizar la prostitución "sólo es un método de hacer legal esta esclavitud". También contaron que la única manera de acabar con esta lacra es invertir en ellas.

Arancha. limpiadora, 25 años.
"Es fácil entrar y muy difícil salir"

Hace varios años que dejó la prostitución, aunque Arancha (nombre ficticio) continúa teniendo miedo a que la mafia que la explotó durante año y medio la localice. "Cambié de ciudad en cuanto conseguí escapar de aquel zulo", cuenta.

Acudió a una entrevista de trabajo para cuidar a personas mayores en un barrio de Madrid. Era una trampa

Esta joven de origen latinoamericano decidió acudir hace cuatro años a una entrevista de trabajo para cuidar a personas mayores en un barrio de Madrid. Junto a ella, un grupo de chicas fueron a la entrevista. "Cuando me dijeron que estaba entre las seleccionadas me alegré mucho", recuerda mientras se califica de "tonta" e "imprudente".

A la última entrevista sólo fueron tres mujeres y las hicieron pasar a un piso del que no volvieron a salir solas hasta que consiguieron escapar. "La gente no es consciente de lo facilísimo que es entrar en este mundo y lo difícil, por no decir casi imposible, que es salir", explica. En la actualidad, limpia portales de edificios y vive junto a una de las compañeras con las que escapó de esta pesadilla.