Cuesta que el fotógrafo deje empezar la entrevista: hipnotizado por la actriz, no para de retratarla. Elena Anaya estrena este viernes Hierro, donde encarna a una atormentada mujer que busca a su hijo.

¿Cómo mostrar tanta pena?
No lo sé muy bien. Por lo que le ha ocurrido, mi personaje ve el mundo distorsionado, y eso tenía que enseñarlo a través de mi imaginación. Además, hay mucho trabajo de actuación: se me tenía que ver vacía, desgarrada, culpable...

¿Qué empleó para hacerlo?
Técnica, escuela, años de oficio y ganas de aprender. Y además, voy a hacer como los magos: ¡no diré de dónde sale el conejo de la chistera!

¿Además de con el guión, cómo construyó el personaje?
El director, Gabe Ibáñez, me regaló un libro de Joan Didion, El año del pensamiento mágico, con el que entendí el estado físico y anímico de una mujer que ha perdido tanto. Me di cuenta de lo poco cercana que tenemos la muerte en esta sociedad.

Nunca quiero deshacerme de mis personajes del todo. Otros actores lo necesitan, pero yo prefiero no hacerlo

Usted carga con la película...
Suelo hacer papeles más pequeñitos, lo que tampoco es fácil, pero aquí fue todavía más exigente. Durante dos meses empiezas a rodar a las siete de mañana, has de tenerlo todo trabajado y darte en cada plano como si fuese el último de tu vida. Es como ver jugar a Federer y Nadal y verles aguantar, mantener la fe y la garra en cada pelota.

¿Le costó sacarse de encima un personaje tan difícil?
Nunca quiero deshacerme de mis personajes del todo. Otros actores lo necesitan, pero yo prefiero no hacerlo por la riqueza y experiencia que me han dado. Mi vida real es surrealista, pero ha sido mucho más interesante tras vivir tantas experiencias ajenas.

En Hierro hay varios desnudos, pero sin erotismo...
Queríamos algo distinto, ¡parece que si no salgo en bolas no me dan un personaje! Tengo una parte nada erótica ni sensual y es la que se ve.

¿Prefiere un director mandón o que le deje aportar más?
Ambos. El que no me gusta es el que no te guía, al que casi le da igual lo que hagas. Me gusta proponer cosas, y que el director apenas hable conmigo me resulta frustrante.

Tuve una adolescencia precoz e hice muchísimo el salvaje, y con 18 años me di cuenta de que debía cambiar

¿Se ve en el papel de madre?
Con mi sobrino, por ejemplo, soy como una madre: me encanta, me lo como a besos y encima nos parecemos mucho. Pero la madre de la película tiene una relación extraña con su hijo: le quiere, pero no le transmite un amor absoluto. Tenía que cortarme porque mi tendencia era mostrar más cariño.

¿Qué habría sido Elena Anaya de no ser actriz?
Creo que no tan distinta. Tengo muchos amigos actores, pero mi círculo más próximo no está tan relacionado con la actuación, y conservo gente de hace mucho tiempo. Eso te desintoxica un poco de toda la tontería que puede acarrear ser actriz y famosa.

¿Cómo era antes de eso?
Tuve una adolescencia precoz e hice muchísimo el salvaje, y con 18 años me di cuenta de que podía trabajar como actriz y debía cambiar.

¿Y en qué se convirtió?
¡Ahora me toca darle las gracias a toda la gente que me cuida y me arropa, porque soy una persona bastante insoportable!

BIO: Nació en 1975 en Palencia. Con 19 años se trasladó a Madrid para estudiar arte dramático. África y Familia fueron sus primeros trabajos en el cine.

Póquer de una actriz internacional

Los fanáticos de Elena Anaya tienen motivos para sonreír: según lo previsto, hasta cuatro películas con ella como protagonista llegarán en los próximos meses. La primera, Hierro (dirigida por Gabe Ibáñez), se estrena este mismo viernes. Después lo harán Cairo Time (de la canadiense Rubba Nadda), Room in Rome (de Julio Medem, con el que ya coincidió en Lucía y el sexo) y L’instinct de mort (de Jean-François Richet). Las dos primeras están rodadas en inglés, y la última, en francés.