Inés Sastre
Inés Sastre, espectacular en el estreno de la película 'The lost city'. Reuters

De su pubertad recuerda un piso no muy grande y el colegio, un exclusivo centro bilingüe hispano-francés de monjas cercano al estadio Santiago Bernabéu en Madrid. Eran los años 80. A la salida de clase, por tanto, sus compañeras sacudirían con la mano sus melenas brillantes, a un lado y a otro, irisando la acera. Las más audaces acortarían la falda del uniforme escolar remangándola con cuidado antes de adentrarse en la calle Serrano o pasear frente al Vips. Luego balancearían la carpeta con el jersey de marca anudado sobre los hombros y las rodillas bronceadas.

Los chicos de las escuelas colindantes serían clasificados en tres categorías: très beau, affreux y péquenaud. La peor condición, por encima de affreux (adefesio), sería péquenaud (paleto).

Una artista precoz

Inés Sastre dice que de niña era muy callada. ¿Sospecharían ya entonces sus amigas con apellidos ilustres que Sastre acapararía más espacios en la crónica social que cualquiera de ellas? ¿Mirarían de reojo ese rostro canónico y limpio capaz de seducir, con sólo 12 años, sin mediar palabra, a los publicistas de una cadena de hamburgueserías y, después, a cineastas de la talla de Carlos Saura, Michelangelo Antonioni o Gerard Depardieu (en la imagen)? ¿La imaginarían desfilando para los diseñadores que idolatraban sus madres –Chanel, Gaultier…-? ¿Hubieran creído que brindaría con Superman, que se comería a besos a Javier Bardem con la excusa de grabar un "poema visual" o que su acuerdo con la firma Lancôme batiría en duración al de Isabella Rossellini?

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Hasta 1º de BUP sacó buenas notas. Después llegaría el rodaje en Costa Rica de la película El Dorado. Esta experiencia desterró su timidez, la lanzó a la fama y deslució su expediente académico. Hoy se jacta de ser una de las pocas modelos con estudios universitarios -se licenció en Filología Francesa en La Sorbona de París- y de haber rechazado el contrato que le ofreció la prestigiosa agencia de modelos Elite porque quería cursar COU en el CEU madrileño. Además habla cuatro idiomas –francés, inglés, italiano y español- y la prensa británica ya la ha bautizado con las siglas B&B (Beauty & Brain, Belleza y Cerebro). Es habitual que se la tilde de "culta, discreta y refinada". Casi perfecta.

El orgullo de una musa

De su colegio de la infancia conserva la fe católica y un cierto aire conservador que a veces trata de ocultar. "Mi rebeldía no sale por tener carreras en las medias y tatuajes, tengo otras maneras de sacudirme", ha advertido antes de confesar que nunca ha sentido "atracción por lo rarillo".

Se define como una "superviviente nata". Al cumplir los 18, se trasladó sola a París, la meca de la moda. La adaptación fue dura, incluso lloró, pero su orgullo le impidió regresar a España. Hoy, ese sacrificio ha dado sus frutos. La modelo posee un ático cerca de la Torre Eiffel, un piso en Londres y otro en Sotogrande (Cádiz).

<p>INés Sastre</p>

Su espinita es que el mundo del celuloide, que ella idolatra, no la haya correspondido con la misma pasión. "Sus facultades interpretativas no me resultan evidentes, a pesar de haber frecuentado su precioso rostro", insinuó en una ocasión el crítico cinematográfico Carlos Boyero. Quizá ella lo sabe y por eso no exhibe la misma seguridad en los rodajes que en las tediosas sesiones fotográficas. En los primeros, Inés atiende con atención las instrucciones, repite planos, pregunta a sus allegados si lo ha hecho bien, le cuesta. Esto la hace sufrir.

Amores y muchos euros

En su currículo figuran numerosos romances de corta duración, por lo general con hombres potentados. En 2004 salió durante dos meses con el golfista Colin Montgomerie. Antes se la relacionó con los millonarios Giles Thornton, el playboy inglés Tim Jeffries, el aristócrata escocés Simon Lovat, el abogado italiano Maximiliano Bianchi, el fabricante de juguetes belga Michel Maleingreaud o el irlandés Neil Taylor, con quien llegó a anunciar boda.

<p>Alex Corrías</p>En 2006 se casó, ya embarazada del hijo que comparten, con el ejecutivo italiano Alex Corrías (en la foto de la izquierda). Se separaron un año más tarde.

"Es normal que Inés se relacione con personajes con una buena posición, son los círculos que frecuenta por su trabajo", ha explicado otro de sus ex, Nicolás Vallejo-Nájera. Desde hace un mes sale con el productor y presentador de realities francés Jean-Luc Delarue. En su país, Delarue es toda una celebridad.

Por Clara Hernández: Sígueme en Twitter