En las últimas semanas ha llovido en la provincia lo suficiente como para que aparezcan las primeras goteras, pero no tanto como para que los seguros respondan por ellas. Aunque las tormentas caídas han ocasionado decenas de reclamaciones por desperfectos en viviendas de determinadas zonas de la provincia (área metropolitana, polígonos industriales o, en el caso de la capital, en el Albaicín), los litros recogidos no llegan a la cantidad a partir de la cual los seguros se hacen responsables de los daños provocados por la acción   del agua (unos 40 litros/m2 a la hora) y por vientos (más de 80 kilómetros/hora).

«Las pólizas básicas del hogar incluyen siniestros causados por las lluvias, eso sí, a partir de una determinada  cantidad de agua caída que se consulta con el Instituto Provincial de Meteorología», explica un empleado de Catalana Occidente. En este sentido, las compañías de seguros consultadas afirman que las viviendas deben reunir, además, una serie de condiciones mínimas de seguridad  para que la póliza responda por estos desperfectos, excepto en casos de inundaciones o siniestros en los que se aplica otro criterio.

¿Quién paga?

Es decir, que los pequeños y molestos desperfectos (filtraciones, maderas y tejas rotas a raíz de una tormenta fugaz que no deja mucha agua) corren a cargo del propietario, si las características del siniestro determinan que es él el que debe pagar los daños.

El Consorcio responde...

En los casos más graves, como pueden ser inundaciones por  desbordamiento de cauces naturales de ríos, del mar o rotura de diques y presas, es el Consorcio de Compensación de Seguros el que hace frente a las indemnizaciones por los siniestros causados por este tipo de acciones del agua en nuestras viviendas. El organismo estatal interviene peritando los desperfectos y sufragando los daños. Si bien el propio asegurado debe hacer frente al pago del 10% de la cuantía en que se valore el siniestro, que debe ser superior a 150 euros e inferior al 1% del capital asegurado en la póliza.