antonio albert
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Periodista, presentador de TV, escritor, crítico, guionista, actor y director. Todo en uno. Se recuerda como un niño introvertido, inseguro, lector voraz y soñador. Y hoy por hoy no deja de asombrarle que aquellos sueños del niño que fue se vayan cumpliendo.

De todas sus facetas, ¿con cuál se siente más identificado?

Con todas y con ninguna. Prefiero considerarme un hombre con inquietudes creativas, aunque puestos a soñar lo que me gustaría ser es Spielberg.

¿En qué sentido?

En el de poder desarrollar multitud de proyectos. Aunque no pudiera llevarlos a cabo yo y se los tuviera que dar a otros.

Además del cine, ¿cuáles son sus pasiones?

Percibo la vida casi como una película, pero, viajar, empaparme de otras realidades.

Elija el proyecto que le gustaría dirigir.

Una película sobre los españoles en el holocausto nazi. Los anónimos héroes de la segunda guerra mundial que son los grandes olvidados de nuestra historia.

¿Qué le conmueve?

La injusticia y sus víctimas, a pequeña y gran escala. Lo que le sucede a los demás nos tiene que importar.

¿Y no nos importa?

¡Por Dios, sí hay gente a la cual le molesta que haya gente dejándose la piel en una valla porque pueden quitarle el trabajo!

Wittgenstein sostenía que si un pingüino pudiese hablar, no lo entenderíamos, porque su forma de vida es completamente distinta de la nuestra. ¿Quiénes son para usted los pingüinos?

Los necios. Los que están tan seguros de todo que no se hacen preguntas. No se puede vivir sin dudar.

¿Conoce a alguno?

Uff, son muchos, están en todas partes y además muy bien situados. Estamos rodeados de pingüinos.

¿Usted no está bien situado?

¡Qué va!, aunque he estado en mucho sitios: a un lado y a otro de las cámaras, en el lado de los creadores y en el de la crítica...

¿Y nadie ha conseguido ponerle en su sitio?

Sin duda, Espartaco Santoni, que en un programa de televisión me llamó «intelectual» como si la palabra fuese un insulto.