Los bolsos libaneses de Sarah: de las celdas de una prisión a los escaparates de lujo

  • Los bolsos de Sarah Beydum, diseñados por presas de las cárceles libanesas de Baabda y de Trípoli, los han lucido reinas y actrices.
  • El negocio de esta diseñadora comenzó hace veinte años en Líbano.
  • La idea del negocio surgió mientras estudiaba un máster de sociología.
La reina Rania de Jordania, con un bolso fabricado por reclusas.
La reina Rania de Jordania, con un bolso fabricado por reclusas.
EFE

Los bolsos de la diseñadora libanesa Sarah Beydun, que han lucido celebridades como la reina Rania de Jordania o la actriz Catherine Deneuve, nacieron entre rejas, de manos de un puñado de presas de las cárceles libanesas de Baabda y Trípoli.

"Todo lo que exponemos está hecho a mano por prisioneras o mujeres que ya cumplieron sus condenas", explica Sarah Beydun, copropietaria de Sarah Bags, que desde hace una década vende bolsos de diseño elaborados por convictas y ex convictas.

Esta aventura comenzó con un grupo de cinco mujeres que empezaron haciendo pulseras, y ahora Sarah asegura tener empleadas a 150 trabajadoras que manufacturan sobre todo bolsos, aunque también prendas de ropa y accesorios que se exponen en tiendas de lujo en Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Suiza o Egipto.

En El Cairo, la galería Mounaya, situada en el exclusivo barrio de Zamalek, es la única tienda que expone estos bolsos, cuyos precios rondan los 100 euros (unos 146 dólares), un precio más que prohibitivo para la inmensa mayoría de los habitantes del país de los faraones.

La idea de montar esta empresa surgió hace diez años, cuando Beydun, copropietaria de la firma, realizaba un máster en sociología en un centro de rehabilitación de prostitutas de Deir el Amar, donde pasó seis meses. "Comencé con un grupo de cinco (reclusas) haciendo pulseras, pero salieron mediocres. Después pasamos a las carteras, que es un accesorio estable, a la moda, y que puede ser personalizado", relata.

Al principio, era ella quien se trasladaba a la prisión pero, al aumentar el negocio, ha dejado esta labor a una trabajadora social que actúa como intermediaria. Después, tras cumplir sus condenas, muchas reclusas decidieron continuar trabajando desde sus casas "para ganarse el pan y obtener respetabilidad", comenta.

"Mi negocio es como una ONG"

"Veo los dos extremos", dice Beydun, para quien lo más impresionante de su trabajo es "ver gente supersofisticada que busca carteras a juego con sus vestidos y zapatos, frente a estas mujeres que han vivido en prisión y tratan de ganarse el pan y pagar la educación de sus hijos, o cubrir los gastos de los abogados para que las saquen de ese lugar".

Su negocio está ubicado en una pequeña calle del barrio beirutí de Gemayze, en un antiguo edificio de arquitectura tradicional. Mientras muestra su tienda, Beydun explica que ve su negocio como una ONG: "Quiero que compren nuestros productos y que, al mismo tiempo, piensen en esas chicas", asegura.

Aunque, como confiesa, los comienzos fueron "difíciles" debido a diferencias con las prisioneras, que se "resistían" a los cambios, y al hecho de que su situación particular a veces afectaba al trabajo. Pero ahora las cosas han cambiado.

"En casi diez años, hemos evolucionado mucho y desarrollado muchas técnicas libanesas que habían pasado al olvido", dice. Sus productos son de "inspiración oriental" y muy cercanos a la cultura regional, asegura mientras pasa revisa los objetos que ofrece en su negocio.

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