John Cassavetes: el día de la independencia

  • Este 9 de diciembre se cumplen 80 años del nacimiento del cineasta.
  • Es el padre del cine 'indie' estadounidense y creador de una nueva forma de concebir y rodar películas.
  • Además, fue un actor de éxito.
John Cassavetes, durante un rodaje.
John Cassavetes, durante un rodaje.

La obra de Jarmusch, Scorsese o Linklater sería inconcebible sin John Cassavetes, padre fundacional del cine independiente americano. Su repercusión va más allá de cifras y premios: indómito e inteligente, Cassavetes inventó otro cine, concebido no sólo como negocio o entretenimiento, sino como intensa y arriesgada forma de vida.

A los ochenta años de su nacimiento, su nombre equivale a hablar de valor, autenticidad y pasión. Sepultadas bajo el efímero y prescindible peso del cine actual, sus doce películas como director, viscerales, experimentales y modernas, constituyen una especie de doce mandamientos para comprender el cine.

Maltratada en España, donde cuesta recordar cuándo fue proyectada en pantalla grande por última vez, su filmografía ofrece una estética fresca y descarnada y memorables interpretaciones.

Son películas realistas y teatrales, íntimas y extremas. "El cine de ahora –decía antes de morir, en 1989– sólo muestra un mundo soñado, no cómo somos en realidad. Pretende que el intelecto de la gente muera a los 21 años. Cómo artista, yo quiero que se siga pensando más allá de esa edad".

Un oyente, un dólar

Con un presupuesto de sólo dos mil dólares, Cassavetes inventó la independencia en el cine con Shadows (1959). Era aún un actor casi desconocido, pero con el suficiente arrojo como para pedir en un programa de radio un dólar a cada oyente que quisiese ayudarle a rodar. Unos meses después la cinta era premiada en Venecia y los británicos Bafta.

Tan extraña forma de financiación sólo se dio en su primera película. El interés que provocó Faces le permitió rodar dos filmes de estudio, Too Late Blues y A Child is Waiting, pero pronto volvió a escapar del sistema.

<p>La semilla del diablo</p>Su gusto por los personajes patéticos y las historias dramáticas no era compartido por los productores, así que optó por potenciar su carrera como actor para conseguir dinero. Tras todo tipo de trabajos televisivos, la década de los sesenta le convirtió en un rostro popular gracias a películas como Código del hampa (Don Siegel, 1964) o, sobre todo, Doce del patíbulo (Robert Aldrich, 1967) y La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968).

En ella, Cassavetes era un actor dispuesto a vender a su hijo al diablo para conseguir el éxito: en la vida real, vendía su atractivo rostro a Hollywood para filmar sus propias tragedias.

El grupo salvaje

La fórmula le resultó y, desde Faces (1968), vemos al Cassavetes-director asentado. Protagonizada por Gena Rowlands (su mujer desde 1954, con la que rodaría casi toda su obra y con la que permaneció casado hasta su muerte), esta durísima historia de desencanto, dolor y catarsis obtuvo tres candidaturas al Oscar (entre ellas, una para él como mejor guionista). Maridos (1970), Minnie y Moskowitz (1971), Una mujer bajo la influencia (1974) o The Killing of a Chinese Bookie (1976) cimentaron la leyenda.

Como harían otros muchos directores después (Jarmusch, Kaurismaki, Tarantino), el ambiente de libertad creativa de Cassavetes (dicen que apenas daba instrucciones a los actores, a los que simplemente pedía total honestidad para dar rienda a los sentimientos) exigía la complicidad de aquellos que estuvieran a sus órdenes, creándose así una corte de histriones dispuestos a hacer reales los demonios del artista.

Por eso también es apasionante ver sus películas: por reunirse una y otra vez con los magníficos Ben Gazzara, Peter Falk, Seymour Cassel o la propia Rowlands. Ver Una mujer bajo la influencia supone asistir a uno de los mayores ejercicios de veracidad cinematográfica jamás presenciados: Gena Rowlands, mujer del director, se retuerce de dolor vital al lado de Peter Falk, uno de los mejores amigos de la pareja, mientras otros miembros de la familia (Lady Rowlands, madre de Gena, o Katherine, madre del director) comparten la escena.

Otro trago de JC

Inundadas de alcohol, inestables como sus tambaleantes personajes, las películas de Cassavetes también atestiguan la desesperada veracidad de los gritos del alcohólico. La mencionada Una mujer bajo la influencia asusta más que cualquier campaña antibotellón, y Torrentes de amor (1984) presenta a dos hermanos lastimados por las resacas y el desamor.

Pero los borrachos de Cassavetes no sólo se ponen violentos, dicen tonterías y pierden la verticalidad, sino que desatados por la embriaguez descubren rincones ocultos del alma humana. Ese espacio que iluminaba el director y donde también, a causa de una cirrosis, encontró la oscuridad.

Cassavetes, en otras palabras

Aunque apenas ha hablado de él desde que muriese en 1989, Gena Rowlands aprovechó alguna entrevista para aclarar leyendas sobre su marido. Por ejemplo, que sus películas no eran improvisadas, como tantas veces se ha dicho, sino que "todo estaba escrito en el guión. Pero John nunca decía corten, sino que nos permitía repetir una y otra vez las frases hasta que pareciesen espontáneas. Había sido actor antes que director, y eso le influyó".

Peter Falk, su actor y amigo, conocía el porqué de su talento: "Todas sus películas dicen lo mismo. Dicen que los hombres son las ruinas de Dios, y él sabía ver y mostrar esas ruinas con una veracidad intolerable".

<p>Gloria</p>Filmografía básica

'Shadows'. (1959) Rodada en blanco y negro y surcada por el jazz, este análisis de las relaciones interraciales supuso una fractura en el cine americano.

'Too late blues'. (1961) Un músico de blues se enamora de una cantante y debe elegir entre la autenticidad o los cantos de sirena del éxito.

'Faces'. (1968) Una pareja se descompone: cada uno busca la felicidad por su lado, pero están condenados a sufrirse y quererse.

'Maridos'. (1970) Cassavetes actúa y se rodea de Falk y Gazzara para diagnosticar el mal del hombre moderno: el miedo al compromiso, a crecer, a cambiar.

'Minnie y Moskowitz'. (1971) La estirada Minnie rompe con su amante casado, y sólo recuperará la esperanza gracias a un modesto aparcacoches.

'Una mujer bajo la influencia'. (1974) Alcohólica, loca, desesperada, la protagonista nos descubre que hay belleza en el infierno.

'The Killing of a Chinese Bookie'. (1976) El canalla de Gazzara se adentra en un policiaco con humo de cigarrillo y strippers.

<p>Opening Night</p>'Opening Night'. (1977) Es, con Eva al desnudo, la mejor película sobre el mundo del teatro y el universo femenino.

'Gloria'. (1980) Más clásico que de costumbre, presenta a una mujer egoísta obligada a cuidar a un niño.

'Corrientes de amor'. (1984) Un día en la vida de dos hermanos: él, un escritor alcoholizado; ella, una chica abandonada.

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