Copenhague: cita de molinos y gigantes

Protesta en Bruselas contra la actuación de los líderes europeos sobre el cambio climático.
Protesta en Bruselas contra la actuación de los líderes europeos sobre el cambio climático.
AGENCIAS

En el exterior del Bella Center, la inmensa feria de muestras de Copenhague, hay un molino de viento. Una vez dentro, los asistentes a la conferencia de la ONU sobre cambio climático que se celebrará a partir del día 7, podrán comprobar en tiempo real la energía que producen sus aspas. Pero su valor es simbólico: no aportará ni de lejos la electricidad que la cita necesita. Una metáfora perfecta de lo que se espera de la cumbre: más intenciones que resultados concretos.

Lo que está en juego es el compromiso que regirá la política medioambiental mundial después de 2012, último año de vigencia del Protocolo de Kioto. Pero las expectativas se han ido rebajando en el último mes. Primero con la fracasada reunión preparatoria de Barcelona de hace un mes; y luego, con la cumbre entre los países del Asia-Pacífico y EE UU, de la que salió la declaración: "No es realista esperar un gran acuerdo vinculante".

Vinculante. Ése es el término clave. Si no compromete a nada, ¿qué es? Pues un acuerdo político en el que queden plasmados los objetivos, pero que no adquirirá valor jurídico hasta el siguiente encuentro, que se celebrará en México a mediados de 2010. Pero eso no fue lo que se acordó en Bali en 2007, y supone un retraso que los ambientalistas consideran que afectará al clima y aleja aún más el objetivo de que las temperaturas no suban más de 2 ºC durante este siglo.

No todo está perdido

No hay altruismo. El punto de partida de la negociación es que no hacer nada resultará a la larga mucho más caro que afrontar la situación. Aunque haya que buscar un equilibrio entre ambas curvas.

Pero aún hay más: el petróleo viene del Golfo Pérsico o de Venezuela. El gas, de Rusia y Argelia. Países "muy estables y simpáticos", ironizaba recientemente un funcionario comunitario.

Por eso, todos los países quieren disminuir su dependencia energética. En la Unión Europea, que es la que más decididamente está apostando por la cumbre de Copenhague, el plan de reducción de emisiones se acompaña de otro dirigido a disminuir en un 20% el consumo energético. Es lo que se llama eficiencia energética, e incluye medidas como, por ejemplo, la implantación total de las bombillas de bajo consumo.

Independizarse de los combustibles fósiles interesa también a China y a Estados Unidos. La pasada semana ambos países reabrieron la puerta que ellos mismos habían cerrado, con mensajes como la asistencia de Barack Obama y Wen Jiabao a la cumbre del clima. Por eso se puede esperar que algo, aunque sea menos de lo deseable, se logre.

Más poder a la Policía

Más de 350 operarios han estado las últimas semanas ultimando los trabajos para acondicionar el Bella Center, que durante 12 días recibirá a entre 12.000 y 15.000 delegados de 192 países y acogerá unas 2.500 reuniones, según la organización. Además de la logística, el desarrollo de la reunión requiere un gran esfuerzo en seguridad. El Gobierno danés se gastará 84 millones de euros sólo en esta materia. Incluso se han dado poderes especiales a la Policía ante las manifestaciones que se producirán durante la cumbre.

Las posiciones de partida

Unión Europea

Tiene un compromiso para reducir sus emisiones de CO2 un 20% en 2020 respecto a 1990, ampliable al 30% si el resto de países hacen un esfuerzo similar. ¿Qué sería considerado una reducción equivalente? A falta de res-puestas oficiales, las cifras las da un instituto investigador de la Comisión Europea: Japón un 24%, Rusia un 38% y Estados Unidos un 24%. En la propuesta del Parlamento Europeo (PE), que es necesariamente la de la Comisión, que es quien negocia, también incluye un horizonte más largo: la reducción del 80% en 2050.

Estados Unidos

Obama quiere dar un impulso al tema, pero no quiere verse en la situación de Clinton, que firmó en Kioto y no pudo validar el acuerdo en el Senado de su país. Por eso, su primera posición es la que sabe que validará: el 17% respecto a 2005.

Países Emergentes

China, India y Brasil tienen diferentes prioridades, pero comparten la convicción de que ellos no han causado el daño. Brasil y China han anunciado grandes recortes de las emisiones, no de las actuales sino de las que tendrían si todo sigue igual. Pero reclaman que los países ricos paguen su culpa en forma de ayudas. El PE sitúa a estos tres países fuera de los emergentes y les pide un compromiso similar al de los industrializados.

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