Los Turner: ¿"Mierda conceptual" o arte?

  • Un británico menor de 50 años recibirá el Premio Turner número 25.
  • Fue fundado en 1984 por los Mecenas de Arte Nuevo.
  • Lo han ganado creadores consagrados, pero aún genera controversia.

Como le corresponde por edad, el Turneres rebelde. El lunes cumplirá un cuarto de siglo. Ese día, un artista británico menor de 50 años pasará a engrosar una lista de premiados en la que ya figuran consagrados como Gilbert & George, Richard Long, Anish Kapoor, Damien Hirst y Antony Gormley. Y, sobre todo, conseguirá que su nombre quede unido al de una historia de polémica, controversia o debate (elíjase el sustantivo que se considere más adecuado). Una historia de un cuarto de siglo.

El Premio Turner lo fundaron en 1984 los Patrons of New Art, o Mecenas de Arte Nuevo, un grupo que se había formado en la Tate y cuyo cometido principal consistía en adquirir arte contemporáneo para la colección de la galería nacional británica. Su primer ganador, Malcolm Morley, ni siquiera se presentó en la gala de entrega.

Entre los preseleccionados durante la primera década constan Lucian Freud (en 1988 y 1989) e Ian Davenport (en 1991). Nunca se hicieron con el galardón. Por lo demás, y exceptuando las victorias de Richard Long (1989) y Anish Kapoor (1991), la infancia del premio transcurrió sin pena ni gloria.

Premio a un molde de hormigón

Hasta 1993. Rachel Witheread elaboró un molde de hormigón del interior de la única casa que quedaba en el East End londinense de una hilera de adosadas construidas a finales del siglo XIX. Cuando el Ayuntamiento la derribó, Witheread situó su propia House donde antes se levantaba la construcción de la que había extraído el molde.

El Consistorio terminó por echarla también abajo. Por House, la autora se convirtió en la primera mujer que ganó el Turner. También por House tuvo el dudoso honor de merecer el premio al peor artista británico de la K Foundation.

Tampoco pasó desapercibida ese año Neon rice field, del candidato Vong Phaophanit. La crítica, de hecho, se cebó con la instalación, con montones de arroz dispuestos en línea recta sobre luces blancas y en torno a un neón central más brillante que el resto.

La era Hirst

La ‘gran convulsión’ llegó en 1995. En torno a Mother and child, divided, que le valió su Turner a Damien Hirst, se escribieron muchas páginas en los tabloides. ¿El porqué? Su lista de materiales: depósitos de vidrio y acero, compuestos de plástico reforzado con vidrio, silicona, vaca, ternero y solución formaldehída. Es decir, que metió a una vaca y a un ternero en tanques de cristal llenos de formol.

<p>No woman no cry</p>La moda de los materiales estrafalarios la continuó Chris Ofili, el galardonado de 1998. Su pintura No woman no cry se soportaba sobre dos boñigas de elefante. Un tercer excremento pendía del cuello de la mujer retratada como si fuera un colgante.

Las portadas de la prensa volvieron a dedicarse al Turner doce meses después. En 1999 fue candidata al premio Tracey Emin. Su instalación My bed constaba de su propia cama rodeada de botellas de bebidas alcohólicas vacías, colillas, ropa interior usada, condones... Las sábanas, además, estaban manchadas de fluidos humanos. "Los restos –en fin– de una ruptura".

Como ocurrió con la creación de Vong Phaophanit, la que expuso Martin Creed en 2001 también fue ridiculizada. Work No. 232, the whole world + the work = the whole world consistía en una gran tira de neones con esa misma frase que se situó en el friso de la fachada de la Tate. A diferencia de Vong Phaophanit, Martin Creed sí mereció el Turner.

<p>Arsewoman in Wonderland</p>"Una mierda conceptual"

La nominada Fiona Banner llamó la atención en 2002. La obra principal de su exposición en la Tate, Arsewoman in Wonderland, era un cartel de grandes dimensiones sobre el que ella había escrito a mano un texto en el que narraba una película pornográfica.

Ese mismo año se habilitó en la galería la Reading room, una sala en la que los visitantes pueden dejar sus comentarios sobre lo que acaban de contemplar. Allí, el político laborista Kim Howells, entonces subsecretario de Cultura, describió lo exhibido como "una mierda conceptual fríamente mecánica".

El último gran campanazo lo dieron en 2003 los hermanos Jake y Dinos Chapman. Los Chapman Brothers conquistaron al público con la escultura de una muñeca hinchable sexualmente explícita. Pero no la mostraban sola. Tiempo atrás habían adquirido una serie de 80 aguafuertes de los Desastres de la guerra de Goya acuñados a partir de las mismas planchas que empleó el español. Entonces, transformar las cabezas de las víctimas en las testas de payasos y cachorros de perro les pareció buena idea.

Pero no pasaron de candidatos. La gloria del Turner fue para Grayson Perry por su trabajo en jarrones tradicionales. Eso sí, con la impronta de la casa: pintados con escenas de abusos sexuales y maltrato infantil. A recoger el galardón acudió vestido como su álter ego travestido, Claire. Así alimentaba una historia de polémica, controversia o debate (elíjase el sustantivo que se considere más adecuado).

Sólo un año faltó a la cita

El Premio Turner lleva ese nombre por el célebre pintor de paisajes Joseph Mallord William Turner. Aunque se creó en 1984, el premio que se falla este lunes hace el número 25; en 1990 no se entregó porque la firma de inversiones norteamericana que lo patrocinaba había quebrado.

Cada año optan a él cuatro artistas preseleccionados por alguna "exposición o presentación destacada"; sus obras se exhiben durante tres meses en la Tate Britain. El ganador se lleva 25.000 libras (unos 27.700 euros). El jurado, distinto cada año, se compone de un crítico de arte, el encargado de un museo británico y otro del extranjero.

Dos españolas han formado parte de él: Carmen Giménez, directora del Centro Nacional de Exposiciones, en 1988; y María Corral, directora del Reina Sofía, en 1991.

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