La apertura de la Casa del Mediterráneo –aunque en sede provisional hasta la rehabilitación de la antigua Estación de Murcia– y otras edificaciones nuevas en las inmediaciones han propiciado un éxodo de la prostitución hacia el sur de la avenida de Elche que ahora ven con preocupación los vecinos más próximos.

«La zona de la Casa del Mediterráneo ahora está bien y por eso se han ido de allí: ahora se ponen más frente a los graneles del Puerto», relata Manuel Alcón, presidente de la asociación de vecinos Gran Vía Sur-Puerto. «Por eso es tan importante que se urbanice cuanto antes el Paseo Joan Fuster», un auténtico bulevar ajardinado donde los residentes no creen que el fenómeno se mantenga.

Alcón confía en el compromiso de la alcaldesa, Sonia Castedo, y está convencido de que entre este mes y el 15 de enero se iniciarán los trabajos en esta avenida.

«El abandono en el que está sumido el barrio es tal que esa zona se ha convertido en un nido de delincuentes y prostitución y en un cagadero de perros», criticó ayer el concejal del PSOE Jorge Espí.

Más urgente para los residentes resultan las medidas para atajar «unas nubes de mosquitos» que les hacen la vida imposible desde hace unos días, según Alcón.

Los insectos proceden de las aguas encharcadas en el Barranco de las Ovejas, tras las últimas lluvias torrenciales que inundaron la zona y «fumigar como han hecho hace poco no sirve de mucho», en opinión del portavoz vecinal. También están pendientes con urgencia las obras en este paraje.

Mientras se concretan las mejoras en el «futuro barrio» Gran Vía Sur-Puerto, delimitado entre el Barranco de las Ovejas y Federico Mayo, y ya reconocido por el equipo de gobierno y la oposición, sus vecinos han visto con satisfacción como les limpiaban de grafitis decenas de muros. «Había por todos lados, parecía tercermundista», subraya su presidente, Manuel Alcón. El cambio ha resultado radical y «sólo quedan en unos pocos sitios» con pintadas.

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